Más inseguridad y menos libertad
A seis años de iniciada la cruzada antiterrorista del presidente George Bush para garantizar la seguridad de los norteamericanos, un par de reconocidos juristas, los profesores David Cole y Jules Lobel, han publicado un libro: Less Safe, less free: Why America is Losing the War on Terror que evidencia cómo se está perdiendo la guerra contra el terrorismo y por qué nadie en Estados Unidos ni en el resto del mundo vive hoy más seguro. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Bush plantea la lucha contra el terrorismo desde dos planos simultáneos. Al fiscal general del Estado John Ashcroft le exige el reforzamiento de la seguridad interna con controvertidos proyectos de ley. En la oficina del vicepresidente y en el Departamento de la Defensa se gestan los planes para una respuesta militar ejemplarizante. 45 días después del atentado, el presidente firma la llamada Ley Patriota, que expande las atribuciones de las autoridades para combatir el terrorismo en Estados Unidos y en el mundo, y autoriza el espionaje telefónico, electrónico, de hábitos como el de la lectura, de expedientes médicos, financieros y de otros tipos y concede a las autoridades facultades extraordinarias para detener y deportar a inmigrantes sospechosos de “terrorismo.” Ocho meses después, el presidente anuncia la adopción del principio de la guerra preventiva que estrenaría en marzo de 2003, con la invasión a Irak. Hoy, los escalofriantes datos que Cole y Lobel revelan en su libro, cuestionan seriamente el optimismo de la Casa Blanca. Considere: Mientras que en el 2001 hubo 1,732 ataques terroristas en el mundo, hasta 2006, suman 6,659; de 16 ataques insurgentes en Irak hasta julio de 2003, entre mayo y julio de 2007 hubo 161. De las 262 personas que en 2006 el departamento de justicia acusó de ser terroristas o de tener vínculos con terroristas sólo dos han sido hallados culpables. De los más de 5,000 extranjeros detenidos en EE UU entre 2001 y 2003, ninguno de ellos ha podido ser convicto. De los más de 80,000 extranjeros que fueron obligados a registrarse por ser considerados sospechosos, ni uno solo de ellos ha sido convicto por terrorismo o por tener vínculos con organizaciones terroristas. De los más de 500 extranjeros deportados por ser sospechosos de vinculación con los atentados del 9/11, a ninguno se le ha probado nada. De 775 detenidos en Guantánamo, a ninguno se le ha hecho juicio y nadie ha sido convicto de algún crimen. Del 11 de septiembre a la fecha, no se ha detectado una sola célula de Al Qaeda en territorio estadounidense. Entre 2003 y 2007 el presupuesto aprobado para la guerra en Irak asciende a $413 mil millones de dólares y el asignado a seguridad interna a $236,7 mil millones dólares. Hasta el 16 de noviembre, 3,867 soldados norteamericanos han muerto en Irak y se calcula que el número de civiles iraquíes muertos oscila entre 77,000 y 84,000. No es de sorprender que los datos de Cole y Lobel coincidan con las percepciones del centenar de expertos en política exterior, republicanos y demócratas, ex secretarios de estado, ex funcionarios de la casa blanca, militares y académicos consultados por la revista Foreign Policy. Nueve de cada diez opinan que hoy que el mundo es más peligroso, que la estrategia de seguridad nacional se ha deteriorado y que el estado de la guerra en Irak es alarmante. 8 de cada diez esperan un nuevo ataque a EE UU semejante al del 9/11. Dicho de otra forma, contrario a lo que dice el presidente, hoy el mundo es más inseguro y los estadounidenses son cada día menos libres.

