A QUEMARROPA

Cardenal merece el Nobel

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Tomás Castro BurdiezSanto Domingo

La sotana del Cardenal que nos ocupa, no ha sido tejida con finas telas. Está bordada con poesía. Hablamos del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, cuyo nombre se ha propuesto para el premio Nobel de Literatura. Él junto al maestro de la antipoesía, Nicanor Parra, forma el duo de voces que sobrevivió al torbellino avasallante del poeta Pablo Neruda. Curiosamente, ambos creadores están lejos de la tradición hispanista tan común en la poesía de América Latina y el Caribe.Quizás por esa distancia su nombre no figura en los galardones literarios de España. En sus epigramas nos reencontramos, en su poesía social nos estremecemos, en su cántico cósmico giramos en un viaje por la tridición desde los griegos hasta la poetas norteamericanos, pero él nunca abandona su punto cardinal, o mejor su punto Cardenal. Desde los años 80, una vez más coincidimos con él. Esta vez en la Feria Internacional del Libro de Venezuela. Es, sin duda alguna, la figura cumbre del evento. Hablamos brevemente.Se aleja con la serenidad de los dioses precolombinos, pero sentimos que sus versos nos saltan de la memoria para inundar los rascacielos de Caracas, y tomar el corazón de alguna de las muchachas que ignoran su nombre cargado de poesía: “Al perderte yo a ti/hemos perdido los dos/pero de los dos/tú pierdes más que yo/ porque yo podré amar a otra/como te amaba a ti/pero a ti no te amarán/como te amaba yo”. Puede fallarnos la memoria, como también los señores académicos del premio Nobel de Literatura. Por eso nuestras vidas son los líos que van a dar al olvido.

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