La medicina ética con la vista clara
En medio de la confusión que produce el nuevo Seguro Familiar de Salud en la República Dominicana, cabe destacar que el ejercicio de la medicina sigue siendo un compromiso que contrae el profesional de la medicina con la sociedad para velar por la salud de sus enfermos y para actuar ya sea como consultante de una enfermedad, administrando una medicina, o bien como un cirujano que trata de mejorar a través de un procedimiento o intervención la salud de un paciente. Se entiende que la muerte del ser humano es inevitable y que los esfuerzos del médico deben estar dirigidos hacia aquellas cosas que pueden mejorar la calidad de la existencia, prolongar su vida, o inclusive evitar a través de medidas preventivas enfermedades o condiciones que pueden perjudicar su salud. La ética tiene que estar muy presente en la practica cotidiana de la medicina en todos los países del mundo incluyendo el nuestro. Casi todos los códigos de ética médica establecen que los servicios médicos se deben suministrar a los pacientes con respeto a la dignidad humana, honestidad y con integridad. Esta frase es la base sobre la cual se fundamentan todos los códigos de ética médica incluyendo el juramento Hipocrático de los griegos, el Código de Hammurabi de los babilonios, o inclusive el Sun Simiao de los chinos, o el Enjuin de los japoneses. Todos estos códigos coinciden en que los pacientes se deben tratar con compasión, que a los colegas se les debe tratar con solidaridad y respeto, que debe existir la ecuanimidad del profesional, y más importante aún, el que se debe referir de forma apropiada al paciente para que reciba las mejores atenciones posibles. El código Hipocrático es muy específico en cuanto al respeto a la vida y específicamente prohíbe el aborto. Estos códigos también condenan la avaricia en la práctica de la medicina y los comportamientos aberrantes tales como la seducción de los pacientes o la práctica de la eutanasia. El médico tratante asume la responsabilidad social e individual de un paciente cuando así establece su relación y esto implica también asumir las consecuencias legales. El médico debe ser honesto con su paciente y parte de esta honestidad implica el respeto a la confidencialidad ya que existen informaciones privilegiadas que un paciente relata o divulga a su médico que no deben ser del dominio popular. La práctica moderna de la medicina ha cambiado mucho desde que se escribieron los códigos mencionados y hoy día existen los lineamientos de la Declaración de Ginebra del año 1948 lo cual fue una reacción necesaria a las prácticas de tortura y experimentación humana que ejercieron los Nazis durante la segunda guerra mundial. Estos nuevos lineamientos incluyen la obligación del médico de obtener consentimiento informado antes de suministrar un medicamento o tratamiento, regula la investigación en sujetos humanos, y también trata el tema de la eutanasia. La relación médico-paciente moderna es muy distinta ya que se convierte en un contrato comercial al ser cobrada la consulta, legal al ser firmado el consentimiento, social ya que el médico no deja de serlo cuando sale de su consulta u hospital para ser entrevistado en la televisión o en la recepción de su mejor amigo, y también moral cuando el médico tiene dominio de todas las informaciones confidenciales de un paciente o cuando recomienda un anticonceptivo. Las obligaciones modernas del médico incluyen el tener acceso apropiado en caso de emergencia a través de un beeper, celular, o un servicio de emergencia apropiado de su hospital o clínica. El médico tiene la obligación de mantenerse actualizado en cuanto a las últimas publicaciones y descubrimientos de su especialidad. El médico que no asiste a congresos, a cursos de actualización y aquel que no lee revistas profesionales, simplemente pasa a ser un médico obsoleto y es probable que en pocos años ofrezca un servicio menos que adecuado a sus pacientes. Cuando el estudiante de medicina se decide por esa profesión debe entender que será un estudiante de medicina para el resto de la vida ya que es una profesión que requiere de estudio y actualización continuamente. El estudio es importante también en el ámbito de la competencia ya que el médico hoy día vive un mundo de competitividad muy diferente al de la antigua Grecia donde el médico solía ser el único en toda una ciudad. El paciente moderno tiene acceso al Internet, a las páginas amarillas, a teléfonos celulares, lee la prensa y está pendiente de lo que se dice en la televisión. El paciente puede escoger entre muchos médicos y obviamente va a seleccionar a aquel que está mejor preparado, mejor equipado, mejor actualizado, y aquel que le dedica tiempo y le habla con honestidad. El tema de la ética en la competencia por mercado de pacientes es algo muy importante en nuestro ambiente moderno. En este mundo de publicidad a través de diferentes medios de comunicación, existe la tentación de ofrecer falsas promesas a los pacientes particularmente en aquellos tratamientos que embellecen, rejuvenecen, o que mejoran los sentidos. El médico y los hospitales pueden engañar al público a través de anuncios tales como “vuelva a sentirse como una adolescente con una cirugía plástica reconstructiva” o quizás “una cirugía para bajar 50 libras y comer todo lo que desea” o aquella promesa de “operación para quitarse los lentes de por vida”. Todos estos lemas son frases que invitan al consumidor a que busque una solución fácil a un problema bastante complejo donde los resultados no son siempre los esperados y las complicaciones no siempre se explican con claridad. Así resuenan los casos de pacientes que perdieron la vida haciéndose una operación reconstructiva de cara, senos, abdomen, y muslos, o el paciente que termina con un trasplante corneal por hacerse una cirugía para curar la miopía. También existe la ética que rige la relación de los médicos con sus propios colegas. Precisamente por la competitividad del medio, suelen darse situaciones en las que el medico puede referirse de forma negativa hacia un colega, decir que no tiene sus conocimientos actualizados, hablar mal de su técnica quirúrgica, decir que es un comerciante, o denigrar los servicios que ofrece para tratar de convencer al paciente de que use los propios. Aun peor, el medico puede ocultar tratamientos alternos que son mejores simplemente porque no los puede aplicar y trata de forma incorrecta de obligar a que los pacientes no abandonen su clínica u hospital para buscar la mejor alternativa. Así las anécdotas de que no pueden irse de la clínica porque se va a morir en el camino, o que ese medico usa materiales de segunda, o que sus salas de cirugía están contaminadas, o que a fulano se le murió un paciente, en fin, cualquier comentario denigrante para tratar de conservar al paciente. De ahí las palabras de sabiduría que deben regir el comportamiento ético de lo médicos y es que deben ser “cautos en la critica y generosos en el elogio de sus colegas.” El medico también debe de saber hasta donde alcanzan sus conocimientos y sus destrezas y referir de forma apropiada a los pacientes cuando existe una mejor alternativa o una mejor opción aunque sea fuera de su consulta. Con los años que tengo, creo que el comportamiento ético más criticable de nuestros médicos tiene que ver con la práctica cotidiana de doble moral cuando se atiende un paciente de escasos recursos. Este problema probablemente va más allá de la práctica ética de la medicina al ser toda una sociedad la que ha decidido ignorar las necesidades de sus clases pobres y así como la tormenta Noel puso al descubierto la pobreza extrema en que viven nuestras comunidades del interior, así también se debe descubrir algún día las vicisitudes por las que pasa un pobre de la República Dominicana cuando tiene que dar a luz en una maternidad o cuando es llevado de emergencia desde un choque a un centro de traumatología. Los que son ricos y asegurados reciben atenciones de primera pero a los que son pobres les toca como bien diría Juan Luis Guerra “el Niágara en bicicleta,” y esto mi querido lector no es ético.

