El alquimista

Se considera la alquimia un arte hermético. Como tal, los antiguos lo pensaban como la ciencia de las transmutaciones, minerales o vegetales, de la naturaleza, simbolizando la posibilidad de la regeneración. En este arte especulativo ha incursionado el Presidente Leonel Fernández con el fin de ganar adeptos. El diccionario de la Real Academia Española define la alquimia como “conjunto de especulaciones y experiencias, generalmente de carácter esotérico, relativas a las transmutaciones de la materia, que influyó en el origen de la ciencia química. Tuvo como fines principales la búsqueda de la piedra filosofar y de la panacea universal”. Igualmente admite la acepción de “transmutación maravillosa e increíble”. Y esto último es lo que aspira el presidente candidato cuando llama a personas vario pinta a colaborar en el Poder Ejecutivo, y de esta manera servir de imagen que fortalezca su campaña, o directamente incorporarlo al trabajo proselitista. La alquimia es considerada como pionera de la química. A tal efecto, tiene una connotación positiva. Igualmente, los esotéricos pensaban que en el athanor o laboratorio alquímico, podían interactuar el azufre, mercurio y la sal y, en su constante conjugación, se podían producir todas las cosas y por lo tanto se encuentran presentes en ellas. El fin último era replicar esta operación en la psiquis humana, considerando la misma el athanor de la persona, y lograr que esta se transforme en algo distinto a lo que es. Esta creencia tenía como norte la búsqueda y el hallazgo de ser, la auténtica libertad del hombre y despojarlo de cualquier prejuicio. En el campo del estudio del pensamiento humano, al igual que la química, se puede considerar este aspecto de la alquimia. Pero otros han manipulado este conocimiento para utilizarlo como superchería. Se ha llenado el mundo de magos, adivinadores, aprendices de brujos, entre otros, quienes han timado a cuanto incauto se han encontrado. Este aspecto es altamente negativo.

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