HOLA NUEVO DÍA
La diferencia
A Alejandro, Luis René, Tommy y Charlie. Hablaba en estos días con un político cuya amistad valoro y cultivo porque, con los hechos públicos de su vida, me ha demostrado que concibe la política como mérito de servicio a los demás y no como vicio de autoservicio. Le decía que, para mí, aún entre los candidatos actuales y a la espera de la presidencia, había una gran diferencia entre un político y un estadista. Pienso que un político puede ser todo aquel o una política toda aquella que, con o sin escuela de ciencias y prácticas políticas, se inscriba y haga carrera en un partido y que, cuando logra la candidatura presidencial, gracias a él o a ella y a sus circunstancias, integra, y les paga o les promete puestos de poder a un equipo de técnicos para que les diseñe y les enseñe un programa de gobierno que, la mayoría de las veces, se propone pero no se dispone. Un estadista, ¡importante diferencia!, es aquel que estudioso de la teoría y la práctica de la política y, sobre todo, de la historia y la cultura de conducta de su pueblo, concibe una visión de Estado y un proyecto de nación mejorada. A propósito, abundan hoy políticos y comentaristas hablando de proyecto de nación que no saben ni hacer un proyecto ni definir una nación. El político no estadista hace y dice lo que otros recomiendan o le dicen. El estadista, conocedor de la historia, puede ver más allá de la curva porque puede prever la conducta de la gente y el curso de los acontecimientos. Pero se da el caso de estadistas que “se pasan de estudio” y se quedan atrás en la práctica. Y, aún llegando a la presidencia, pueden perder el poder porque el pueblo, como dueño de la empresa, decide por balance de ganancias y pérdidas.

