El paciente desconocido

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Fray Junípero CasablancaSanto Domingo

Esta carta la escribe la hija de un paciente que fue atendido en un hospital público, y le llamaremos “el paciente desconocido”, ya que es un pronóstico anticipado de lo que será el nuevo régimen familiar de salud. A todo el personal de esta institución: Hoy, cuando levantes esta planilla, y verifiques el credencial de la obra social, espero que recuerden lo que les voy a decir a continuación. Ayer estuve con ustedes. Estuve con mi madre y mi padre. No sabíamos donde debíamos ir o qué debíamos hacer, ya que hasta ahora nunca habíamos necesitado sus servicios. Nunca nos habían puesto en la categoría de “subsidiado”. Lo viví ayer, mientras mi padre pasaba a ser un diagnóstico, una planilla, un número, un caso de caridad rotulado como “sin cobertura”, por que no tenía ningún seguro de salud. Vi como a un hombre débil, que hizo su fila y esperó por 5 horas para que lo pasearan a través de un sistema de empleados impacientes de oficina, un personal de enfermería desbordado, y un edificio de bajo presupuesto, le quitaban toda la dignidad y el orgullo que podían quedarle. Le sorprendió lo distante que fueron los empleados: Protestaban y mal reaccionaban cuando el paciente no presentaba el formulario correcto; hablaban de otros casos sin prestar atención a la gente que pasaba, de almuerzos que tendrían lejos de este “pobre tipo”. Mi padre solo una tarjeta, un número de archivo para apilar en el consultorio el día de su consulta, un paciente que pregunta las cosas dos veces, porque la primera respuesta fue dicha mecánicamente, pero no, ese no es mi padre en realidad. Eso es solamente lo que ustedes ven. Lo que no ven es que él es un ebanista desde los 14 años; un hombre independiente que tiene una vida maravillosa, 4 hijos grandes (que lo visitan mucho), y 5 nietos (más dos en camino), para todos los cuales su “abuelo”, es el mejor. Este hombre es todo lo que un papá debería ser: Fuerte y firme, aunque tierno, un poco rudo; un hombre de campo muy respetado por todos los grandes empresarios. Es mi padre el hombre que me educó en las buenas y en las malas, el hombre que me llevó al altar, que tuvo a mis chicos en brazos después de ellos nacer, que me puso un billete de 20 pesos en las manos cuando las épocas eran duras, y me consoló cuando lloré. Ahora nos dicen que dentro de poco tiempo, el cáncer nos quitará a este hombre. Talvez consideren que estas son las palabras de una hija apenada que se lamenta ante la perspectiva de perder a un ser querido. No puedo decir que no, sin embargo, les rogaría que no desdeñen lo que digo. No pierdan de vista a la persona que hay detrás de sus planillas. Cada planilla representa a un ser humano, con sentimientos, una historia, una vida, aquél al que pueden afectar durante un día con sus palabras y sus acciones. Mañana, podrá ser una persona a la que ustedes amen, un pariente o vecino, la que se convierta en un número, un credencial, un nombre, para tachar con marcador amarillo, como “ya atendida” ese día. Ruego que recompensen a la próxima persona que saluden en su sede con una palabra amable, o una sonrisa, porque puede ser el padre, el marido, la mujer, la madre, el hijo o la hija de alguien, o simplemente porque es un ser humano, creado y amado por Dios, igual que ustedes.

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