EN RELEVO

Nos pusimos locos

Aunque la grandeza política, la responsabilidad ciudadana y hasta el sentido común mandara otra cosa, los candidatos opositores y los grupos sociales y mediáticos que les apoyan decidieron utilizar políticamente a “Noel” y su secuela de muerte y destrucción. Y ese es su derecho, aunque constituya una muestra penosa de inmadurez, que no dieron ni los implacables políticos estadounidenses tras los sucesos de “Katrina”. Pues vale recordar la famosa imagen de los ex--presidentes, que se situaron detrás del líder de la nación sin importar partidos, ideologías y hasta históricas diferencias personales y familiares. Ahora bien, aunque se respeten los derechos de los demás, lo que no puede ni debe permitir el Estado es la anarquía, la vulneración del principio de autoridad y la tentativa de disputar protagonismo al jefe del Estado, en la tarea de cumplir su responsabilidad auxiliando y reconstruyendo allí donde la tormenta causó mayores daños. Y a eso se están dedicando algunos insensatos. Por un lado andan promoviendo e incentivando el desorden en los centros de refugio, ante la inercia y hasta el temor que parecen mostrar las autoridades policiales y militares responsables de la organización de estos centros de acogida. Parece que “por ordenes superiores”, muchos de esos “refugiados” se dan a la tarea de denunciar cualquier cantidad de cosas, desde distracciones inexistentes hasta carencias reales propias de este tipo de emergencias. Pero además promueven la anarquía, incentivando que grupos de vagos organicen “manifestaciones” de protestas, algunas de ellas hasta violentas y desafiantes a la autoridad. Pero donde definitivamente se han roto todos los parámetros es en una especie de “vedettismo helicopteril” que parece desatado entre los candidatos. Quienes protagonizan, desde inverosímiles rescates aéreos en medio de la tempestad hasta torpes intentos de pretenden rivalizar en presencia con el mismísimo jefe del Estado, llegando momentos antes o después a demarcaciones que son visitadas por el Presidente, no en su calidad candidato, sino de líder ---gústele a usted o no--- de la Nación. Ya lo decíamos, al margen de compartir o no cualquier acción, hay que respetar el derecho de cada candidato o líder político de actuar según sus convicciones y sus estrategias. ¡Pero caramba! A veces nuestras locuras se evidencian demasiado.

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