A MITAD DE SEMANA
En memoria de las víctimas
La narrativa de las más espeluznantes historias, plasmadas en los diarios nacionales, los noticiarios, programas y coberturas especiales en la televisión así como las que circulan de boca en boca contadas por la gente que tiene algún familiar y/o conocido como protagonista, muestran la crudeza con que la naturaleza sacudió al país, de punta a punta, por varios días. Pero asimismo, se conocen las acciones de heroísmo, las proezas de padres, amigos y hasta de niños que enfrentaron la furia de las aguas para salvar sus vidas y/o la de los suyos. El Gobierno ha respondido rápida y eficientemente en llegar a los lugares más apartados con equipos de salvamento, alimentos, medicinas, ropa seca, colchones, la reparación de vías de acceso y, sobre todo, la presencia de las brigadas que dan a los afectados un rayo de esperanza y de seguridad de que no todo está perdido. Las vidas que se llevaron los ríos y el lodo no podemos recuperarlas. Sin embargo, esas vidas deben servir de abono para corregir situaciones que nos ayuden, autoridades y gobernados, a evitar la exposición de nuestra seguridad y la de nuestras familias. La solidaridad de todos, ricos y pobres, se ha dejado sentir en los múltiples maratones de recaudación de todo tipo de ayuda que se han realizado a lo largo de los últimos días. La solidaridad internacional no ha sido menos y la prensa habla hasta de ‘competencia’ entre Estados Unidos y Venezuela, en quien da más, más rápida y eficiente ayuda. Y qué bueno. Todo esto conforma la experiencia de la gran tragedia que hoy sufrimos los dominicanos y que para no pocos, durará mucho tiempo en borrarse. Ante este descomunal desastre y la reacción que ha tenido la generalidad de la gente buena de este y otros países, entonces, debemos dar las espaldas al grupito de amargados que cada tarde y cada noche tratan de pescar en este río de desgracia, en su afán por endilgar al Gobierno hasta la voluntad de la naturaleza.

