Reflexiones: La soberanía
¿Cuándo entenderemos que nuestra libertad política es el primer fuero irrenunciable de la nación? La investigación a pie de calle que en una semana le permitiera a una comisión relatora mixta, avalada por la Organización de las Naciones Unidas, concluir que en la República Dominicana hay discriminación racial, nos obliga a liberarnos de nuestra cobardía moral.Al parecer, en otro nuevo escándalo, el señor Presidente ha confundido los intereses del Estado y de la sociedad dominicana con los de su gobierno y de su partido, pues en su afán por ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas al parecer se autorizó, en el ámbito de la Asamblea General, la invitación de esta comisión relatora para la investigación de las denuncias de racismo en la República Dominicana, cuando países como Cuba, Venezuela, Irán, Turquía, Costa de Marfil y la propia República Centro Africana, que acoge hoy al expresidente haitiano Aristide, no han permitido este tipo de investigación en su territorio. Los dominicanos debemos aprovechar el rechazo unánime que se ha producido contra esta acusación para emprender iniciativas de estado que tiendan a fortalecer nuestros instrumentos migratorios, consulares, laborales y sociales, con los cuales les prestemos la atención requerida a los trabajadores y trabajadoras residentes y no residentes. Admitamos nuestras debilidades institucionales, como serían nuestras omisiones en la custodia fronteriza, en las garantías de aplicación y en la administración de la legislación laboral y en la ausencia de normas sociales de asistencia y en otras acciones propias de la convivencia civilizada. Es tiempo ya de que se legisle, en forma objetiva y práctica para regular el mercado laboral en la República Dominicana.2 No obstante lo que acabamos de señalar, como una solución a este problema nacional, nos permitimos proponer la concertación de un plan de corto plazo para evaluar las condiciones de los trabajadores supuestamente objetos de discriminación, sus contribuciones por los servicios que reciben del Estado dominicano; las contribuciones fiscales de los empleadores ante su rendimiento y rentabilidad laboral, al igual que por la utilidad y el beneficio productivo de esta mano de obra.No se puede posponer por más tiempo la concertación de un gran pacto entre los trabajadores nativos, no residentes y extranjeros con sus patronos, en un ambiente de civismo, que conlleve el apoyo y garantía de los tres poderes del Estado, de los sectores empresariales, de los empleadores y de toda la sociedad, para evaluar las rutas que permitan la inmigración ordenada de estos trabajadores y la normalización de sus condiciones, siempre a la luz de nuestra constitución y leyes sobre la materia, de quienes ya se encuentran con cierta permanencia en suelo dominicano.Sin confundir los intereses nacionales con los partidarios, esperamos la iniciativa del gobierno acerca de un tema de tanta trascendencia para la supervivencia de la República, pues el espectáculo que acabamos de ver no sólo es una flagrante violación a nuestra condición de nación libre y soberana, sino que, al mismo tiempo, acusa una triste debilidad de nuestro Estado de derecho.

