BIBLIOMANÍA

Libros, muchos más libros

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Francisco ComarazamySanto Domingo

Indiscutiblemente Rafael Leonidas Trujillo Molina es el presidente dominicano más biografiado en libros y cinematografía y hasta en artículos periodísticos y poesía. Si mal no recuerdo creo que Abelardo. R. Nanita, hombre de letras y político de memorables actuaciones, fue el primero que escribió una biografía del dictador estando vivo. Después de esa aparición muchas aguas han pasado debajo del puente y parece que tendremos muchos más libros de esa jaez literaria. La novela, al parecer, es el género en que más se ha discurrido. En la especie biográfica no recuerdo ninguna de antes y posterior de su ajusticiamiento. Se han escrito trozos pero un libro entero no existe. En estos días ha sido puesto en circulación un grueso volumen salido de la diestra pluma de Víctor Grimaldi con una nueva versión del origen de la trama que culminó con la vida del tirano. El acucioso escritor y periodista ofrece una imagen que hasta ahora no había sido esbozado con firme pulso histórico. Su tesis parte de la reyerte protagonizada en la sede del consulado dominicano de Londres, capital del Reino Unido de la Gran Bretaña, entre Octavio Antonio de la Maza Vásquez y Luis Bernardino, el primero funcionario diplomático y el segundo cónsul. Bernardino murió a consecuencia de las heridas recibidas. Grimaldi expresa que en varios textos se insinúa que la intervención de Antonio de la Maza en el complot que concluyó el 30 de mayo de 1961 se debió al asesinato de su hermano 30 meses antes de aquella tragedia en el Cuartel de la Policía en la entonces Ciudad Trujillo. Documentos oficiales del gobierno dominicano y testimonios orales a la manera de Herodoto que tomaba de boca en boca los informes que dieron lugar a su famosa historia, son el sustento básico de “Sangre en el barrio del jefe”, vertido en 352 páginas de ocho pulgadas de ancho por diez de altura. A manera de conclusión de su tesis Víctor Grimaldi sostiene que “esta madeja de datos e informaciones, analizados desde el punto de vista humano, conducirá a sostener una hipótesis que la investigación antropológica habrá de enriquecer en el futuro”. (II) Haría falta y cubre la ausencia el periodista Edgar Valenzuela. Se trata de una antología de cuentistas del sur de la isla. Recoge en ella valiosas joyas de ese género. El libro fue editado en el 2005 pero es ahora que ha sido enviado un ejemplar a la columna sin indicación de quien lo ha hecho. Pero no importa la procedencia. Lo que vale, en el fondo, tenerlo y haberlo leído para informar al público su presencia en las letras dominicanas. En la contraportada hay un mapa con indicaciones de cual pueblo del sur son los autores escogidos mediante un rastreo en bibliotecas y hemerotecas del país. El autor considera que el volumen es “un tesoro inextinguible”, la más reveladora colección de joyas narrativas sureñas de principio del siglo XX, descubiertas bajo un manto de silencio, amenazadas por el polvo y la polilla, salvadas de la dispersión, el descuido y el saqueo”. Desfilan en la colección obras de Fanny Herrera, E.O. Garrido Pueblo, Ulises Heureaux hijo, Emilia Pereyra, Otto Oscar Milanese Renato D’Soto, William Mejía, Ramón Lacay Polanco, Abraham Méndez Vargas, Angel Hernández Acosta, Diógenes Valdez, Rafael Damirón, Sócrates Nolasco, Marino Berigüete, Angel Augusto Suero, Héctor Incháustegui Cabral, Máximo Gómez y Héctor Colombino Perelló, producidas en el sur de la isla entre 1905 y 2005.

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