PENSAMIENTO Y VIDA

El islam

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Francisco José Arnaiz S.J.Santo Domingo

El Islamismo es juntamente con el hinduismo y el budismo una de las grandes religiones no cristianas del mundo. Nadie sensato puede negar al Islamismo fuerza expansiva. Hoy grupos islamistas tienen en vilo a la Humanidad con la declaración de la guerra santa a Occidente, mundo infiel para ellos. No hay nadie en sus cabales que no rechace su recurso indignante al terrorismo para conseguir sus objetivos pero ellos no desisten de sus metas ni de su método. El islamismo nació entre las tribus árabes que hasta el siglo sexto después de Cristo vivieron en el politeísmo. Tal vez habrían abrazado la fe cristiana cuya expansión había llegado a sus fronteras pero en esos años apareció Mahoma, oriundo de La Meca en Arabia. En una cueva próxima a la Meca tuvo Mahoma una serie de visiones que determinaron su vida. En ellas se convenció de que él era “el sello de los profetas”, el que estaba llamado a culminar todas las revelaciones de Dios, hechas a la humanidad desde Abrahán hasta Jesús. Alah es Dios y Mahoma es su profeta. La doctrina fundamental de la religión mahometana se basa en la absoluta unidad de Dios como Señor sumamente bueno y todopoderoso, que todo lo ha creado y todo lo ha predestinado. Deja, sin embargo, al ser humano cierta libertad en el querer y en el actuar. El Corán rehuye toda explicación respecto a la relación entre los predestinación divina y la libertad humana. Los ángeles son mensajeros de Dios. A ellos asoció Mahoma los espíritus o “ginns” del paganismo árabe como seres de especie inferior, buenos y malos, creyentes e infieles, igual que los seres humanos. Mahoma, como hemos dicho, se consideraba como el último y mayor de los profetas y el que cerraba el ciclo de ellos. Entre los profetas contaba a Jesucristo Nuestro Señor. Según él el que muere en la lucha por el Islam entra directamente en el Paraíso. El Corán no especifica claramente la eternidad del infierno para los condenados. Las cinco columnas fundamentales de la piedad islámica son: 1) Su Credo: “No hay Dios fuera de Aláh y Mahoma es su profeta”; 2) Su oración ritual. Se trata de fórmulas rezadas con acompañamiento de gestos, genuflexiones y postraciones. Deben ser hechas cinco veces al día. La hora de oración es anunciada desde el minarete, imitación del campanario cristiano. La más solemne es la del mediodía del viernes, jornada dedicada al culto, aunque no el descanso obligatorio. La pureza ritual para los actos religiosos, puede recuperarse si se ha perdido con una simple ablución, o en el desierto frotándose con arena a falta de agua; 3) La limosna. A los principios fue un donativo voluntario para los pobres y para las necesidades de la feligresía. Más tarde se transformó en un impuesto fijo; 4) el ayuno. Consiste en renunciar a comer, beber, más tarde a fumar y a toda relación sexual durante los días del llamado mes Ramadán (noveno mes en el año lunar islámico) desde la aurora hasta la puesta del sol, o como proclama el texto coránico desde que se empieza a distinguir un hilo blanco de un hilo negro hasta que cesa de distinguirse a la luz natural; 5) La peregrinación a la Meca que debe hacerse al menos una vez en la vida. Este precepto puede ser substituido y, en ciertas circunstancias, hasta dispensado. A estos deberes individuales se une el deber colectivo de la guerra santa contra los infieles, moralmente obligatoria para los musulmanes. Doctrina y deberes religiosos del Islam se hallan contenidos en el Corán. Sin embargo, al resultar insuficiente este código, hubo que añadirle el complemento de la Tradición o “Sunna”, que ha resultado la manzana de la discordia entre “sunnitas” y “xiitas” a lo largo de los siglos hasta hoy. El hecho de que todos tuviesen que referirse a la “Sunna” condujo desde el primer momento a la incertidumbre confesional. Y ya en el siglo IX se llevó a cabo una revisión de las tradiciones mahometanas. Las que fueron declaradas auténticas se coleccionaron y fueron impuestas. Mahoma mostró desde el principio de su misión una mezcla singular de enardecimiento religioso y astucia política. Una vez llegado a la conciencia y autoconvicción de su misión profética pretendió ver, en todas sus palabras y acciones, auténticas revelaciones de la voluntad divina. La entrega y sumisión total a Alah, que él exigía, la convirtió en un mandato pleno y sin reservas de sumisión a él y a su legislación. Desde su origen muchas ideas e instituciones cristianas influyeron en el desarrollo del Islamismo. También ciertos aspectos de la espiritualidad árabe en el comportamiento cristiano. El Corán, en efecto, adoptó muchos conceptos cristianos aunque rechazase totalmente que Jesucristo fuese Hijo de Dios. Nuevo motivo de contacto del Islamismo con el Cristianismo fueron la penetración del Islam en países de ancestral cultura cristiana y las Cruzadas. No pocos teólogos cristianos escribieron sobre problemas planteados por el Islam. Entre ellos, sobresalen Pedro el Venerable, Ramön Llull y una pléyade de dominicos y franciscanos. Ya en sus mismos orígenes, el Islamismo tuvo que luchar con la tradición, la filosofía , los sistemas de la fe cristiana, el maniqueísmo y diversas formas religiosas gnósticas. La primera tendencia teológica-islámica, que hizo Escuela, nació en Irak. En ella se estudiaron los problemas de la unicidad de Dios y la predestinación. Trataron también de explicar el Corán y la Sunna de manera alegórica. En el siglo X surgieron nuevas Escuelas en Bagdad y Samarcanda esforzándose en hallar una armonía entre el propio desarrollo intelectual y la ortodoxia tradicional basándose en la lógica y la dialéctica griegas. Las nuevas doctrinas teológico-científicas fueron expuestas y desarrolladas en notables catecismos populares. El espíritu de apartamiento del mundo, que fue al principio una de las ideas básicas del Islamismo, indujo a personalidades y pensadores profundos a la adopción de un fuerte ascetismo y a un estudio concienzudo del Corán. Estas tendencias hacia el ascetismo y misticismo fueron favorecidas todavía más por los nuevos creyentes procedentes de círculos cristianos y gnósticos. Los adeptos de estas nuevas doctrinas fueron llamados “sufíes” (de sui lana) por ir vestidos de túnicas de lana y también fueron llamados “fakires” en la India y “derviches” en Persia, especie de mendicantes que renunciaban a todos los bienes terrenales. El ansia de unión con la Divinidad condujo a una cierta perfección ascética con autohipnósis y técnicas de narcoticismo y catalepsia, todo ello gracias a la influencia del espíritu indio. Condujo, por otra parte, también a un cierto esoterismo y a una sutil indiferencia por la religión específicamente mahometana con una clara aproximación a las doctrinas filosóficas de la Antigüedad helénica, al panteísmo y al gnosticismo. La disgregación de una parte del Islam en diferentes sectas, apartadas de la Sunna en cuestiones fundamentales, tiene su raiz en movimientos islámicos de carácter político. Es muy difícil calcular el número siquiera aproximado de islamitas esparcidos por el mundo. Se calcula que por lo menos asciende a unos 300 millones. De cinco a seis millones en la Península arábiga. Ciento setenta y ocho en el resto de Asia, de los cuales unos 60 millones están en la India. Unos 50 millones en los territorios africanos. De 6 a 7 millones en la Península Balcánica. Unos ocho millones de musulmanes “xiitas” en Persia, 5 en la India y unos 2 millones en Irak. En cuanto a los Estados Islámicos, más o menos independientes y soberanos, debemos citar en Asia, a Turquía, Siria, Jordania, Irak, Arabia Saudita, Yemen, Omán, Katar, Kustait, Persia, Afganistán, y Pakistán; y, en Africa, a Egipto y Sudán, Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y el Sahara. Estremecida por el vil atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, el imborrable 11 de septiembre, Oriana Fallaci, en sus dos últimos libros antes de morir “Rabia y orgullo” y “La fuerza de la razón”, ha llamado patéticamente la atención a Occidente sobre el alto número (millones) de islámicos residiendo legal y amenazadoramente en América y en Europa, en el mundo occidental, en plena guerra santa hoy contra él.

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