UNA REFLEXIÓN
Huyan
La tragedia que vive el pueblo dominicano fruto del paso de la tormenta Noel el pasado fin de semana se convierte en un momento para practicar la solidaridad para los afectados por el fenómeno atmosférico, pero también es propicia la situación para evaluar las actuaciones de las autoridades del país, antes, durante y después que llegara la tormenta. Si bien es cierto que los fenómenos de la naturaleza son indetenibles por el ser humano, existen mecanismos de reacción rápida ante un desastre inminente que atenúan y alivian los posibles daños. El comportamiento de las instituciones encargadas de actuar en estos casos es lamentable y los hechos lo demuestran. El viernes el Centro de Operación para Emergencias emite una alerta roja para seis provincias del país y nadie se entera, pues al parecer este organismo carece de un eficiente sistema de comunicación garante de que la alerta máxima existente en la actualidad, llegue a la mayoría de la población. Si desde el viernes se esperaba un desastre natural entonces se deben de hacer las siguientes preguntas, ¿Por qué los refugios no fueron habilitados e identificados de inmediato? ¿Por qué muchos de los funcionarios del gobierno estaban en campaña durante el fin de semana? ¿Por qué la defensa civil no desplegó su personal para advertir de manera directa a las personas que vivían en zonas de peligro? ¿Por qué se suspendió la docencia en las escuelas el lunes, lo que impidió que los centros educativos funcionaran como refugios? ¿Por qué las fuerzas armadas fueron acuarteladas el martes? Estos errores plantean una revisión de todos los organismos de emergencia, pues República Dominica se encuentra en el mismo trayecto de los Huracanes y se debe evitar que en el futuro pueda esta situación de inercia Estatal ante el peligro vuelva a repetirse. Además hay que significar el hecho de que este lamentable escenario ha servido para evidenciar a través de los medios de comunicación la verdadera realidad que vive la mayoría del pueblo dominicano; una miseria extendida por todo el territorio nacional que no es agradable que se exponga para los gobiernos de turno, un padecimiento existencial que contrasta con el tan divulgado crecimiento económico que experimenta el país y que claramente se queda en pocas manos, un progreso que sólo disfrutan las élites políticas y económicas. Ahora sólo quedan los muertos, damnificados, justificaciones, excusas, lamentaciones y el deseo de todos los dominicanos de que este evento atmosférico de nombre Noel hubiese sido enfrentado con otra estrategia mas eficiente, humana y cristiana que no se limitara plantear el hecho de que se advertía lo que ocurriría y así dejando a la población más desposeída a su suerte, pensando que bastaría con decirles de forma silenciosa huyan, huyan, huyan.

