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El macho no tan macho

De pronto, el ancestral prototipo de macho dominante y abusador se encuentra con la sorpresa de que su complemento, es decir, la mujer, no está dispuesta a seguir haciendo el papel de la soportadora víctima, que espera paciente a que, algún día, él reconsidere su actitud de querer “tirarse” a cuanta fémina encuentre a su paso. Mucho soportó la mujer esa discriminación, incentivada hasta por las composiciones musicalizadas, como aquel viejo merengue: “que una mujei sola no compone ná, compone un poquito, si ta acompañá”, y aquel otro: “las mujeres no son de nadie” que, de haberse lanzado en este tiempo, hubiese provocado rabiosas protestas de las feministas. Son decenas los ejemplos entre merengues, rancheras “la perdición de los hombres, son las benditas mujeres”, y bachatas “el que cree en mujeres, no cree en Dios”. Pero la mujer ha asumido su derecho a decidir su destino, amparada en la autosuficiencia y el conocimiento de su condición humana, lo que le permite no “tener que aguantarle vainas” a marido infiel o maltratador. Sin embargo, el macho no ha evolucionado en la misma proporción, mucho más en los niveles educacionales mediobajos, donde es frecuente el borracho que, en vez de caricia, entrega un pescozón al rostro de la compañera que pide explicación. Y pensar que, aún así, ella es la abanderada de la tolerancia y la comprensión, al ser capaz de perdonar un acto de infidelidad. El hombre no, porque es ésa la más grande de las ofensas para un “macho”. El asesinato de mujeres y el suicidio posterior del asesino, es pan diario aquí y en toda Latinoamérica, y de esto no tiene culpa la bachata “¿Qué me faltó?”, tema favorito para recientes despechados suicidas. Es que el macho, con todo y lo “macho” que parece, no soporta la derrota del abandono o la infidelidad. Tanto, que prefiere matarla como venganza, y matarse, sencillamente porque no podrá cargar con la pena y la vergüenza. Si antes de disparar comprendiera que el fracaso ha sido suyo, quizás hasta con la sencillez de dos sinceras palabras y una flor, hubiese cambiado su destino. ¡Pero eso es muy poco macho para él! EL AUTOR ES PUBLICITARIO

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