Orlando dice...

EQUIVOCACIÓN.- La culpa, o es del periodista o es del funcionario, pero se está dando con mucha frecuencia que se aborda al personaje equivocado o este opina de asuntos que no son de su incumbencia. Por ejemplo, no se le debe preguntar al secretario de las Fuerzas Armadas sobre el programa de Barrio Seguro, pues ñse suponeñ que no tiene los detalles de lo que se esté haciendo, aun cuando en algunos operativos participen militares. Los responsables son el secretario de Interior y Policía y el jefe de la Policía Nacional, quienes por sus atribuciones son los que deben referirse a todo lo que tenga que ver con seguridad interior. El secretario de las FFAA puede hablar con la prensa, pero sobre materias que sean de su conocimiento y organismos bajo su dependencia. La seguridad en la frontera, para poner un caso. El punto parece no tener importancia, y sí lo tiene, pues muchas veces se crea confusión y en otras se hieren susceptibilidades. Si eso sucede entre los propios encargados de un área, como Franklin Almeyda y Bernardo Santana Páez, quienes viven pisándose los callos, hay que pensar lo que sentirán cuando cualquiera otro ñcivil o uniformado- incursiona en sus dominios. Tal vez no de lugar a confrontaciones públicas, pero son clavitos en el zapato que molestan al caminar....

CUENTISTAS.- Los jovencitos que se desaparecieron y aparecieron por arte de magia lejos de sus casas tienen grandes dotes para la ficción, y más para el cuento fantástico, aun cuando por sus edades no debieran conocer más que el de Caperucita Roja o el de Blanca Nieve. La explicación que dieron pudo complacer a las autoridades y a sus padres, pero no debió haber ocurrido lo mismo con los medios, que la aceptaron sin mayor averiguación. La Policía Nacional demostró una vez más que cuando quiere puede, pero no puede decirse lo mismo de los otros organismos que tuvieron que ver con la situación. La indagatoria de la fiscalía que se ocupa de los menores fue floja, pues no podía aceptar como buena una versión que de tan coja no se sostiene en pie ni un minuto. Incluso esa forma displicente es lo que ocasiona tantas ocurrencias extrañas, pues todo se deja a medio talle. El caso parece único, y se nota interés en cerrarlo, y no se debiera. Hay países en que el abandono del hogar de parte de muchachos y muchachas constituye un fenómeno que escapa al control de las autoridades, que no decir de los padres. Y todo porque se le consideró desde el primer momento como algo episódico, cuando tenía raíces y había un ambiente que lo posibilitaba. Estos fueron encontrados ñ felizmente-, pero que después no se quejen cuando los próximos tomen por destino el extranjero. En el viejo Rahintel se preguntaba cada noche: “Padre ¿sabe dónde están tus hijos ?”, ahora también debe hacerse de día...

MALA SUERTE.- Luis Inchausti es lo más parecido a un personaje del comediante Luisito Martí, el cual termina todos sus enredos con una expresión que se ha hecho un tópico: “Ay, pero yo si tengo mala suerte”. No sólo se ocupó de promover la reelección primero que todo el mundo, sino que rivalizó con los jefes autorizados del movimiento, descalificándolos por sus actitudes contrarias a las bases. La expectativa era de que fuera considerado en los posibles cambios del día 27, pero ahora se tiene la reactivación del expediente del caso Peme, y no le queda más alternativa que alejarse del centro del poder, que lo hace víctima sin que estén claras las razones. Lo interesante es que quienes eran objeto de sus saetas lamentan su situación y no entienden cómo no se le midió con la misma vara de los excluidos. La soga, por lo visto, sigue rompiendo por lo más fino, pues sucede que entre los beneficiarios del nuevo giro hay antireeleccionistas confesos como Simón Lizardo, en tanto que a Inchausti, un reeleccionista profeso, lo meten para lo hondo. El hecho da mucho que pensar, incluyendo malagradecimiento, puesto que si hubo motivación política para perseguir a los otros funcionarios de entonces y ahora ñcomo se alegó y alega -- ¿por qué no también a Inchausti? Dicen que por los lados de Haina hay un brujo que hace unos despojos que son una maravilla. Inchausti debiera averiguar la dirección y darse una vueltecita, porque si el personaje de Martí da risa, el de él da pena....

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