CIENCIA

Un “gran nido” para los kiwis

En los mil años más o menos desde que los humanos descubrieron las remotas islas que conformaron Nueva Zelandia, tres cuartas partes de las especies de aves nativas han sido llevadas a la extinción, y hasta recientemente parecía que el kiwi las seguiría.Esa sería una pérdida para el medio ambiente, pero también para el orgullo nacional; el kiwi, una pequeña ave incapaz de volar que anida en madrigueras, es el ave nacional y se ha convertido en un símbolo nacional. El dólar del país recibe su nombre, y los residentes de Nueva Zelandia a menudo son llamados “kiwis” por los forasteros.Ahora, los ecologistas están cobrando más esperanza de que un proyecto iniciado en 1994 haga retroceder al ave de ojos redondos y brillantes del borde de la extinción. Las cantidades de kiwis han declinado rápidamente en el último siglo, conforme las poblaciones enfrentaban las amenazas gemelas de un hábitat en contracción y legiones más amplias de nuevos predadores.Hugh Robertson, que dirige el Programa de Recuperación del Kiwi del Departamento de Conservación de Nueva Zelandia, estima que había unos 5 millones de kiwis cuando los colonizadores europeos llegaron en la década de 1820 y que la población se sitúa ahora en 75,000.“Es debido a la gente y los predadores introducidos: hurones, comadrejas, perros, gatos”, dijo Jeremy Maguire, administrador de la Reserva para la Fauna Willowbank justo en las afueras de la localidad de Christchurch. “Son especies en declinación, y si continúa el ritmo actual, se extinguirán”. La casi ausencia de mamíferos en Nueva Zelandia hasta la llegada de los colonizadores blancos significó que muchas especies de aves evolucionaron como habitantes de tierra incapaces de volar, lo que las dejó vulnerables a las incursiones de predadores. “En nuestro caso, el escenario estaba listo para una tragedia espectacular”, dijo John McLennan, que ha estudiado al kiwi durante 20 años.McLennan estima que las cifras de kiwis están declinando entre 2 y 5 por ciento al año, dependiendo de la especie.“Nuestras aves incapaces de volar recibieron una paliza increíble”, dijo McLennan, que es fideicomisario de la organización sin fines de lucro Salvemos al Kiwi. Cuando los humanos llegaron hace unos 1,000 años desde las islas del Pacífico Sur, usaron el fuego para limpiar los bosques, empezando una erosión del hábitat del kiwi que sólo cobró velocidad con el tiempo.Y cuando llegaron los europeos, trajeron otros animales, que representan la mayor amenaza. Los kiwis evolucionaron en un ambiente boscoso donde había pocos predadores naturales aparte de varias águilas.Los adultos pesan al menos un kilo, y pueden defenderse solos contra muchos de los predadores más pequeños, pero los kiwis más jóvenes tienen menos defensas. Sondeos sugieren que en su ambiente natural, sólo uno de cada 20 polluelos de kiwi sobrevive a su primer año. McLennan dijo que el departamento de conservación y otros grupos que auxilian al kiwi colocan trampas y veneno para controlar a los predadores, pero esa ha resultado ser una solución costosa y lejos de ser completa.Así que las agencias gubernamentales de Nueva Zelandia han hecho sociedad con las comunidad locales, grupos sin fines de lucro como Salvemos al Kiwi y operaciones comerciales como la reserva Willowbank, para hacer frente al problema tratando de proteger al kiwi hasta que tenga una mejor oportunidad de defenderse. El plan, llamado Operación Huevo Anidado, es simple en su concepción pero difícil de ejecutar.Los huevos son tomados de los nidos de kiwis en el ambiente natural e incubados en lugares como Willowbank. Los polluelos recién incubados son luego llevados a áreas protegidas, muchas de ellas en islas aisladas frente a la costa que no tienen predadores, por alrededor de un año hasta que son lo suficientemente grandes para defenderse. Luego son regresados al lugar donde se encontró su huevo.El programa empezó en 1994, pero ha tomado un tiempo perfeccionar el proceso. Se espera que supere lo que se considera un hito a principios del año próximo cuando incube su polluelo número 1,000.McLennan dice que cada polluelo que es regresado a su ambiente natural cuesta unos 2,750 dólares, un reflejo de la dificultad para conseguir los huevos.Los kiwis restantes tienden a vivir en rincones remotos de Nueva Zelandia, y cada par de aves —son monógamas de por vida— controla un territorio que va de 5 a 40 hectáreas, lo que hace extremadamente difícil encontrar los nidos.Los recolectores de huevos viajan con un “llamador de kiwis”, que puede imitar el llamado del kiwi macho, o en ocasiones una grabadora.Los kiwis machos incuban los huevos, una necesidad evolutiva porque las hembras ponen huevos tan grandes como 30 por ciento de su peso corporal y necesitan tiempo para recuperarse. Cuando los machos se apartan para perseguir a intrusos, los recolectores pueden rastrearlos de vuelta al nido y llevar el huevo a lugares como Willowbank. Maguire dice que los polluelos parecen sufrir pocos efectos negativos por no ser criados por sus padres y parecen prosperar a su regreso a su ambiente natural.Después de un lento inicio, la Operación Huevo Anidado está cobrando impulso. Su tasa de éxito está aumentando, y progamas similares están empezando a surgir en todo el país.McLennan es cautelosamente optimista de que la Operación Huevo Anidado frenará la declinación. “Como las tasas de declinación son relativamente bajas a entre 2 y 5 por ciento, no se tienen que sumar muchas aves para que la población de aves siga siendo constante”, dijo.

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