DERECHOS HUMANOS

Violencia de género: una crisis de salud pública

“Ese es el hombre que tú elegiste”. “Perdónalo, es el padre de tus hijos”. “Yo no quiero verlo preso, sólo darle una lección”. “Créeme, es la última vez que lo hago”. “Hombre mata a su mujer por celos”. El círculo de la violencia del hombre hacia la mujer encuentra toda clase de justificaciones e indulgencia de parte de quienes son sus testigos. Por si fuera poco, quien padece los golpes también debe cargar con la culpa, según se desprende de esas frases. Se intenta entender al agresor, pero no a la víctima. “Quién la mandó a casarse con ese hombre…”. Entre enero y octubre de 2007, sesenta personas murieron víctimas de la leptospirosis y la enfermedad fue declarada una epimedia, se emitió una alerta epidemiológica y hasta los diferentes sectores políticos convinieron de que todo el país debía unirse para prevenir y combatir la propagación de la enfermedad. Si de números se trata, la cifra de mujeres víctimas de violencia es aún más alarmante: en lo que va de año 151 fueron asesinadas por sus esposos o por algún familiar cercano, y según una investigación del Centro de Estudios de Género de Intec, 6 de cada 10 mujeres sufre de alguna agresión en el hogar. Mientras las enfermedades epidemiológicas concitan la especial atención del Estado, sobre todo de Salud Pública, y de los medios de comunicación, los casos de violencia intrafamiliar no han tenido el mismo tratamiento, aunque por sus implicaciones también se trata de un asunto de salud pública. Tras diez años de la promulgación de la Ley 24-97, sobre Violencia Intrafamiliar, las políticas de Estado se han volcado, casi exclusivamente, al aspecto judicial y no hacia las raíces del problema. Para tratar de entenderlo, hay que entender también que existe toda una cultura de violencia que subyace en la formación del hombre desde que es un niño y se le prepara para la vida con consejos como “no te dejes dar” y “los hombres no lloran”, asociando la masculinidad a la agresividad, y la feminidad con la capacidad de sumisión. La violencia es una conducta aprendida, señala el estudio de Centro, pero también lo es la idea de desprotección e indefensión de parte de la mujer. Si existe una ley, si los casos de denuncia van en aumento (tan sólo en las fiscalías de la capital se registran hasta la fecha 8,596 denuncias, de las cuales 3,447 implicaron abuso físico), ¿dónde le está fallando el sistema a las mujeres maltratadas? La lucha contra la violencia de género no debe concentrarse tan sólo en lo judicial, sobre todo si se toma en cuenta que este sistema desestima los casos donde la agresión física no es tan evidente, o bien las sanciones van de acuerdo a la lesión que presente la persona, opina Lourdes Contreras, coordinadora del Centro de Estudios de Género de Intec. “No es que esto no tenga importancia, sino que no es lo único. Así, la mujer va desde el hastío hasta la desesperanza. Abandona el proceso porque lesiona su intimidad. Con frecuencia, los casos no llegan a ser judicializados porque la mujer se cansa de dar viajes, gastar dinero y tiempo en el proceso”, expresa. Desde un abordaje integral del problema, los roles del sistema social y del educativo no responden adecuadamente, señala a su vez la socióloga. Estos “no asumen todavía en sus políticas la atención de la violencia de género como un problema social. El sistema de salud debería estar en condiciones de diagnosticar y prevenir la violencia, por ser un problema que produce determinadas patologías (diabetes, úlceras, depresiones, desórdenes del comportamiento). En tanto, que la escuela debe estar en condiciones de desarrollar en los niños y niñas el rechazo a las situaciones de violencia para que esa cultura, que tiene preeminencia en la sociedad, disminuya”. MODELO. En la Unidad de Atención y Prevención de la Violencia de la Fiscalía del Distrito han recibido, de enero a octubre de este año, 2,263 casos de denuncias por violencia de género. Ubicada en un sector exclusivo de la ciudad, la fiscal adjunta Yanit Pujols entiende que la violencia no conoce de estatus, pues le ha tocado recibir a personas de distintos estratos sociales. Se trata de una unidad modelo que no sólo atiende a mujeres maltratadas, sino que también da terapia, por separado, a las víctimas y a sus agresores, a quienes tratan de reeducar mientras se resuelve el conflicto. La unidad reporta que desde su fundación, en octubre de 2004, ha logrado judicializar 1,451 casos. Se han obtenido 42 sentencias condenatorias de 51 casos llevados a juicio de fondo. Para Pujols, la sensibilización del sector Justicia es esencial para que estos casos prosperen. De Las Mirabal a Dolphy AngelinaUn 25 de noviembre de 1960, las hermanas Patria, María Teresa y Minerva Mirabal, heroínas que lucharon clandestinamente contra la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, fueron brutalmente asesinadas por orden del tirano. En su honor, esta fecha fue declarada como el Día Mundial de la No Violencia Contra la Mujer, durante la celebración del I Encuentro Feministra Latinoamericano y del Caribe, en 1981, aunque la fecha fue institucionalizada por la ONU en 1999. Pese a que el hecho estuvo ligado a persecusión política, los altos índices de violencia de género que se registran en el mundo motivaron el inicio de una campaña que hiciera tomar conciencia a los Estados de que se trataba de un problema de salud pública y que debían tomarse medidas. También un 25 de noviembre, pero del año 2005, Dolphy Angelina González era víctima del último, y también el más cruento episodio de violencia de su compañero. Poco antes ella había dicho NO a los constantes maltratos. ¿La reacción de su ex compañero? Mutilarle las manos a machetazos. Dolphy no sería una más del centenar de víctimas fatales de violencia de género que se registran cada año en el país. Tras obtener justicia, Dolphy es parte de una campaña que promueve la denuncia de los casos de maltrato, con el fin de reducir las cifras de aquellas víctimas que no se animan a poner la querella contra sus compañeros agresores. En el país, la lucha contra la violencia intrafamiliar se institucionaliza hace diez años, con la creación de la Ley 24-97. Este instrumento legal posibilitó que las mujeres llevaran a los tribunales los casos de violencia doméstica. Sin embargo, la violencia de género debe ser tratada no sólo como un problema judicial, sino también cultural. El abordaje integral de este problema, desde sus distintos ángulos y matices, constituyen la garantía de que las dramáticas cifras de feminicidios, así como los porcentajes de denuncia (que sólo dejan entrever una parte mínima del problema) disminuyan. La denuncia de la violencia es importante, pero también lo es el tratamiento de las causas.

Tags relacionados