CIENCIAS

Hora de proteger los mares

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Virginia RodríguezSanto Domingo

ROATÁN, Honduras.- En la zona sur de Roatán, una isla caribeña de Honduras, los bañistas que hacen esnórquel o buceo tienen prohibido tocar los corales y pararse sobre ellos. Las lanchas y botes no pueden utilizar anclas ni andar a una velocidad mayor de 10 kilómetros por hora. Tampoco se pueden cortar manglares y está prohibido tirar basura al mar. ¿Por qué? Porque la comunidad ha decidido proteger uno de sus más valiosos recursos: los arrecifes coralinos. Para islas como Roatán, que dependen del turismo de playa, la salud de los ecosistemas marinos y costeros lo significan todo: son los que producen y mantienen la arena, por su belleza atraen a los turistas para practicar buceo y sirven de hogar a cientos de especies marinas, garantizando así que se mantengan las reservas pesqueras. Además, previenen y mitigan las inundaciones en épocas de tormentas, ya que los manglares tienen la capacidad de absorber parte de las crecidas. Por todo esto los habitantes, organizados en el Club de Amigos del Parque Marino de Roatán, han establecido normas con el fin de proteger los corales, en especial de la principal amenaza que éstos enfrentan: la sedimentación. “El sedimento (partículas de arena removidas del fondo que quedan en suspensión en el agua) bloquea el poro respiratorio del coral, provocándole una muerte casi inmediata por asfixia”, explica Noel Jacobs, biólogo marino y director del Proyecto Sistema Arrecifal Mesoamericano. Cerca de la mitad de los turistas que acuden a practicar esnórquel en Roatán lo hacen por primera vez, señala Jacobs basado en los resultados de una encuesta. “Eso significa que se cansan rápido y sienten la necesidad de pararse sobre los corales o mueven mucho las chapaletas y levantan arena del fondo. Esa arena es la que bloquea los poros del coral”, dice. Los guías turísticos deben, por lo tanto, asegurar que sus clientes reciban alguna capacitación previa y además no deben exceder la proporción de seis turistas por guía. Aún peor son los sedimentos provocados por los dragados que se hacen para ampliar las franjas de arena de las playas o crear playas artificiales. Jacobs explica que existen mallas para proteger contra la sedimentación en estos casos, pero que no son totalmente efectivas. Y existen además otras amenazas para los corales: la pesca industrial con redes, que no discrimina en la captura y provoca la muerte a muchas especies; la basura, el calentamiento global, que provoca el blanqueamiento de los corales; así como las desembocaduras de ríos que arrastran restos de pesticidas, abonos y sedimentos. “La visión tradicional del manejo costero, que se limita al mar, ya no es suficiente. Hay tomar en cuenta amenazas que vienen también de tierra adentro y reconocer el enfoque cuenca-mar”, señala Jacobs. Cuando se creó el Club de Amigos del Parque Marino de Roatán, hace dos años, éste contaba con un único programa: patrullaje costero para detener la extracción de especies. Hoy cuenta con otros como educación ambiental a la población y los turistas, investigación, reciclaje y colocación de infraestructura marina como boyas, que puedan sustituir a las anclas, y señalizaciones informativas. Su visión es que “es mejor influenciar el curso de los eventos que correr el riesgo de ser casualidades de los mismos” (roatanmarinepark. com). EL SAM Sistema arrecifal BARRERA CORALINAEl Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), que se extiende de la parte sur de México hasta Honduras, pasando por Belice y Guatemala, es la segunda barrera coralina más grande del mundo, después de la australiana. Un ocho por ciento de ella está en zonas protegidas. Su gran importancia no se debe sólo a la diversidad biológica que guarda, sino a que constituye una fuente de ingresos y empleos para aproximadamente un millón de personas que viven en áreas costeras cercanas.El Proyecto SAM es una iniciativa que busca aumentar la protección de los ecosistemas marinos de este sistema arrecifal y coordinar entre los distintos países políticas y acuerdos para el uso sostenible de sus recursos.Aunque los arrecifes coralinos de la República Dominicana no están conectados como barrera física con el SAM, forman parte del mismo ecosistema y mantienen, por lo tanto, una conexión biológica, según el director del Proyecto SAM, Noel Jacobs. Las áreas marinas protegidas (AMP)Desde que se crearon las primeras áreas protegidas del mundo, a finales del siglo XIX, el enfoque de protección ha estado muy centrado en lo terrestre. En últimas décadas, sin embargo, esto ha empezado a cambiar. Cada vez se crean más Áreas Marinas Protegidas (AMP), por la importancia que éstas tienen. En República Dominicana, por ejemplo, existen 15 AMP y en todo el Caribe más de 400.“Los números por sí solos no dicen toda la historia”, advierte, sin embargo, Julio Montes de Oca, encargado de la Unidad de Gestión del Agua de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN). “Puede haber cientos de AMPS que sean sólo áreas de papel. Es decir, que los Estados las designan pero después no aparecen los recursos para administrarlas o no están bien definidas”, afirma.En Centroamérica y el Caribe, explica Montes de Oca, la protección marina es bajísima, alcanzando apenas un 0.5 por ciento de las zonas económicas de los países, por debajo de la media global y de la cobertura ideal, que debería ser entre el 20 y el 30 por ciento de los mares y océanos del mundo.“La conservación no debería consistir en crear enclaves donde conservamos pedacitos de la naturaleza, sino que se creen conectividades, como se hace en los corredores biológicos terrestres”, explica Montes de Oca.En ese sentido, un nuevo concepto se está desarrollando ahora en el tema de las AMP: el de las redes. “Se habla conectar espacios que tienen ciertas características comunes que permiten la migración de especies”, dice el experto.

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