Crónica Ligera

Nadie muere de amor, pero si se vive por ese noble sentimiento

Ana Mercy Otáñez
Santo Domingo

Siempre he creído que en nombre de un sentimiento tan noble y sano como es el amor en todas sus vertientes se han tejido grandes historias que nos inspiran o nos motivan a querer vivir todo lo hermoso que se puede llegar a sentir basado en esta emoción, también hay leyendas que nos han marcado el corazón con ilusiones de amores de príncipes y plebeyas, otras nos han predispuesto, han sido tan difíciles que no nos dejan con el ánimo de expresar nuestro sentir.

La hemos vivido nosotros o la hemos apreciado en otros. Creo fielmente que desde la óptica de los sentimientos nos hemos perdido en la forma correcta de mostrarlo y enseñarlo, todo lo que hacemos desde el amor toma el rumbo correcto, y si no lo has vivido, has este ejercicio de dar amor sin esperar nada a cambio y veras en los demás lo que usted siempre ha querido recibir, porque no perdemos nada al dar amor, todo lo contrario, cuando lo ofrecemos desde el alma con sinceridad, con pasión, esmero, entrega y abnegación, de igual forma vuelve a nosotros.

 El amor es un regalo

Aunque parezca extraño me he encontrado con decenas de personas que no saben  dar, ni recibir amor. Me ha costado entenderlas, porque a ese tipo de seres humanos le es difícil valorar, cuidar y cultivar tan preciado sentimiento. El amor es un inmenso regalo divino que satisface el alma y alegra el corazón y no creo que nadie pueda vivir sin las emociones que causa, pues este es capaz de traspasar las fronteras humanas.

Quienes no se dan la oportunidad de vivirlo, no lo aceptan, se niegan y se resisten a recibirlo, pierden. Si de algo nunca me he arrepentido es de haber amado, lo he hecho  con o sin intensidad, pero he amado, sin adornos, sin obsesiones, sin condiciones, sin esperar nada a cambio, con públicas expresiones o en silencio, con alboroto o discreción, a escondida o públicamente, pero sin miedo y con la simple intención de vivirlo, disfrutarlo y sentirlo, en plenitud y libertad. He ganado, he perdido, pero sobretodo he aprendido. Creo que nada es tan trágico para un ser que no da ni recibe amor.

 Amar

He escuchado personas decir, privada o públicamente, que no creen en el amor, que ya amaron una vez y que por el amor conocieron el dolor y el sufrimiento, ¡Dios mío! ¿Qué tan trágica pudo haber sido una experiencia para que deje a alguien con el alma vacía? Puedo entender a quienes inesperadamente sufren una pérdida, conozco ese sufrimiento, lo he vivido y he llorado, también he estado entre los que han llegado a pensar que no hay forma de superar esa situación, pero si hay disposición y se busca la debida ayuda, llegamos a la aceptación y el entendimiento de que el deber es continuar.

Si de algo estamos claros es que el cerebro, el alma, el corazón, el cuerpo, ni nada en nosotros está preparado para la admisión inmediata ante las pérdidas o ausencias, sobre todo de los vivos, a veces se convierte en una condición  insuperable, que nos inmoviliza y nos encierra, pero es injusto vivir en el castillo del sufrimiento, si estamos vivos… y llenos de amor propio. ¡Despertemos al amor, que puede ser un  aprendizaje que nos dio la pandemia!

 Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana.