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Las Sociales viernes, 24 de julio de 2020

CRÓNICA LIGERA

¡A los 47, la conquista es a una misma!

  • ¡A los 47, la conquista es a una misma!
Ana Mercy Otáñez
[email protected]
Santo Domingo

¡Casi medio siglo! Me parece increíble, porque aún recuerdo cada una de las etapas de mi vida. Fui una niña frágil, enfermiza y debilucha. El entusiasmo por el voleibol fue mi salvación.  Iguaniona, una señora hermana de mi vecina y una madre para mi Zuna, siempre dijo que antes de que yo creciera, ella volvería a ser “señorita”.  ¡De pequeña nunca la entendí! Hoy, al recordarlo me río, ¡cómo pasa el tiempo! Cuatro décadas y pico  me han servido para convertirme  en una mujer, si, así, sin adornos, pero plena y feliz.

En mi niñez viví la protección; en mi adolescencia la rebeldía; en mi juventud el placer  de escoger y en mi adultez, la independencia del alma y la satisfacción del corazón. Eso no es un trabajo a la ligera, es una decisión muy personal que  llega con las caídas y  los fracasos, se vive en la felicidad y en la algarabía; no es un golpe de suerte que llega de la nada, es el trabajo constante de aprender y desaprender que nos conduce a  trabajar desde nuestro interior hacia lo exterior… Implica sacrificios, aceptación y mucha disposición para cambiar tradiciones, creencias y paradigmas  que por familia o porque  la  sociedad así lo dicta, nos inculcan y nos lo imponen, ¡Pobre de nuestro cerebro! En esta edad nos volvemos a nosotras mismas, entonces, prima en importancia el equilibrio, la armonía y el bienestar; y las imposiciones solo las admitimos del Señor.

El tiempo

Como todo ser humano que trabaja en su crecimiento personal, llegar a la meta de la prosperidad como mujer, es un trabajo constante que puede tardar años en alcanzarse. Es un proceso lograr el nivel de la transformación, nuestra construcción es extraña, lenta y se consigue poco a poco. El tiempo, las circunstancias, las situaciones, las vivencias juegan un papel importante que nos permite ir haciéndonos a medida que transitamos sobre nuestra cotidianidad y crecemos en experiencias. Sin importar nuestra condición las mujeres en esta edad miramos con los ojos de la claridad con una pizca de amor, no olvidamos que somos nuestra prioridad, sin importar que seamos solteras, casadas, divorciadas o madres con cuarenta y pico encima. 

Hemos adquirido el raciocinio suficiente para deleitarnos en  la riqueza de lo simple, en el placer de respirar, sentirnos activas y productivas, encontrando belleza de cotidiano, en el valor de las personas, entonces vivimos sin tanta premura, sin competencias, siendo capaces de construir cada momento de felicidad. En este período se vive sin pleitos, exabruptos o desacuerdos, se fluye, se disfruta, se vive a plenitud degustando antojos y tomando para satisfacer el paladar.

 ¿Sabemos lo que queremos?

Una de las cosas más importante de esta edad es el deseo absoluto de vivir, explorar y satisfacer nuestros más grandes anhelos y deseos. Los sueños se imponen, las metas se aterrizan. El amor de una pareja es importante, tener un compañero con quien vivir y construir puede ser el complemento ideal para una “cuarentona”, pero no es imprescindible.

Las de mi época somos románticas, apasionadas y soñadoras… Odiamos las relaciones tóxicas, las que son a medias, aborrecemos las obsesivas e inmaduras. Ya no somos sumisas, ni vivimos bajo dependencia emocional o económica, a esta edad lo que no conviene se  descarta.  De los 20 a los 40  hemos invertido tiempo y dinero, en querer cambiar al otro, en convertirnos en su madre, en curar sus heridas añejas y acomodar su pasado, pero gracias a Dios ya sabemos aplicar el dicho: “Mejor sola que mal acompañada”… Ya teniendo al “toro por los cuernos” hemos sepultado el drama, el sufrimiento, los temores y las inseguridades, porque ya tenemos claro que no somos ni psicólogas, ni coach, entonces las insatisfacciones con nombres y apellidos  deben ser curadas por un profesional.

Se pueden ahorrar los cuentos, a este nivel los conocemos todos, cero mentiras, la confianza es la base de toda buena relación. Un punto importante para mí son los momentos de risas, muchas risas, los resentidos y malhumorados pueden vivir como los ermitaños.

¡Bienvenidos mis 47!

Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana.