La cotidianidad dominicana en las páginas de un libro

Celeste Pérez
Santo Domingo, RD

Karlina Veras está convencida de que solo con trabajo y disciplina se conquista el éxito, y  no se amedrenta ante los obstáculos. A ella, como a muchos jóvenes dominicanos, el deseo de prosperar la ha llevado a tierras lejanas, pero su corazón se acelera cuando dice que es dominicana. 

Llegó a Londres, Inglaterra en 2006, cargada de sueños. “Con el alma en las nubes y los pies en la tierra”, así se autodefine la joven autora de cuentos, poemas y ensayos, inspirados en los recuerdos de su infancia y anécdotas familiares. 

En 2017 comienza a trillar un camino literario. Con la publicación de su relato ‘La Victoria’ en la antología ‘Otras Vidas Posibles’, junto a escritores latinoamericanos radicados en Londres, confirmó su pasión. “A través de la literatura quiero dar más visibilidad a la comunidad dominicana. Hablar de nuestra cultura, tan única y de la cual estoy orgullosa”, dice la comunicadora, encargada de programar contenidos en un canal de televisión para las plataformas digitales en Escandinavia. 

Está casada con Jonathan Reid, de nacionalidad inglesa. En 2018 sube otro peldaño en su carrera profesional con la publicación de su colección de cuentos ‘YunYun (pa’ la calor)’, prologada por Carlos Fonseca. “En este libro Karlina explora temas de la cotidianidad cultural dominicana. Narra sus relatos usando una voz que resalta lo criollo buscando mostrar cómo somos en realidad. 

La obra provoca una reflexión por medio del uso de la narrativa y la creatividad. La autora utiliza sus experiencias como dominicana y emigrante para crear un producto final que resuena en sus lectores, sean dominicanos o no”, refiere Fonseca.

 

¿Qué destaca de la obra? 

En ‘Yun Yun (pa’ la calor’) uso un  lenguaje coloquial, atrevido – muy dominicano – con una prosa poética fresca, escrita desde la nostalgia y la cotidianidad, pero con gran profundidad. Toca temas controversiales como la injusticia social, las relaciones humanas y el racismo.  Lo curioso es que lo escribí en los huecos de mi vida, en las mañanas, en el tren, en los parques de Londres, en las horas de almuerzo. En mi cuaderno, a mano, y luego lo pasé a la computadora en la cual hice los siguientes borradores.

 

Algo que me ayudó mucho en el proceso de editar fue tener un pequeño núcleo de personas claves, escritores y amigos cercanos con el cual compartí el manuscrito en sus varias facetas antes de publicar. El proceso de la escritura es muy solitario y a veces el tener otros ojos, otra perspectiva, ayuda mucho en llevar el texto a su máxima expresión. Ellos me motivaron a seguir adelante, por lo cual les estoy eternamente agradecida.

¿Desde cuándo escribe? 

Desde pequeña. En los libros encontré mis mejores amigos y un refugio frente a las durezas de la vida. De adolescente no supe que escribir era lo mío, que quería dedicarme a la literatura, pues es ese tiempo no pensé que lo que tenía que decir importaba. Que mis pensamientos, forma de expresión o de ver la vida merecían la pena ser contados. Por lo cual, por mucho tiempo me conformé con escribir solo para mi, llenando cuaderno tras cuaderno, diario tras diario. No fue hasta años después de estar en Londres, lejos de mi familia, de lo conocido, que me di cuenta de que en las palabras, en contar mi historia, está mi destino. Y me atreví. 

 ¿En qué lugar prefiere escribir?   

En mi casa tengo un rinconcito, con un mini trampolín (que convierto en mueble con colchas y almohadas). Ahí escribo, tempranito en las mañanas, con el cantar de los pájaros; con la soledad del día que amanece.

¿Tiene otros proyectos? 

Sí, estoy trabajando en otro libro de cuentos en español, uno de poesía en inglés y en un guion cinematográfico.