CRÓNICA LIGERA

El Covid-19 me trajo entendimiento, un año después…

Ana Mercy Otáñez

Para muchos el mundo cambió cuando llegó la pandemia. Para mí desde que hace un año mami se fue. El Covid-19 me trajo un aumento en la vorágine de sentimientos enfrentados que desde hace más de un año me acompañan. He tenido más necesidad que nunca de llamarte, de estar al pendiente, te he buscado diariamente para de alguna forma consultarte, para saber qué hacer… Así cómo me enseñaste, cuando juntas tomábamos decisiones familiares o trazábamos la ruta a seguir antes cualquier eventualidad. Han sido trescientos sesenta y cinco largos días sin ti.  Enfrentándome a mí misma y en medio de una situación que nunca habíamos vivido. Recuerdo circunstancias atmosféricas y algunas que otras tormentas fuertes, cómo cuando el ciclón George voló el techo de nuestra casa, pero no hay contexto espinoso que no haya pasado a tu lado y en los que tú no llevaras la voz cantante… Cuando te fuiste entendí lo importante de lo que habíamos vivido y las cosas invaluables que te llevabas…

El tiempo

Ayer hizo justo un año de que llevo mi corazón a media asta. Desde que tu no estas he tratado de ser una mejor persona, he cumplido a cabalidad cada una de tus indicaciones, he seguido tus consejos y los caminos que juntas habíamos diseñado. Trato de ser la hija fuerte que criaste, la mujer independiente, firme y decidida de la que siempre sentiste orgullo, ¡Pero soy humana Ma! Entonces, me he caído, he llorado y he sentido mi mundo derrumbarse… Pero también he encontrado valor para pararme, porque sé que eso es lo que siempre esperaste de mí, el único problemita es que me faltas tú.  Lo vivo cuando me han dado el consejo indicado, pero yo lo necesito en tus palabras… también me han cuidado y abrazado, pero nunca será lo mismo que sentir la protección de tus brazos y la complacencia de mis antojos adivinados.

Dios no se equivoca…

Desde el año 2018 he sido una mujer diferente, caí en un doloroso silencio interno y externo, para llenarme de interrogantes que viajaban en mi cabeza cual tráfico ilegal de drogas, ha sido toda una trama que yo sin querer convertí en un drama de emociones…y por decisión viví sola. Al hablar de esa experiencia con orgullo siempre resaltaba que al único que no cuestioné fue a Dios, aunque no estuve de acuerdo con muchas de las cosas que me tocaron vivir, sobretodo contigo mami… Sin embargo, el Covid-19 trajo consigo un entendimiento especial que me ha tocado el alma y me ha abierto el corazón a la sabiduría del agradecimiento a los designios del Señor. Hoy agradezco a Dios que me diera la oportunidad de cuidarte y acompañarte desde el día cero hasta el día en el que Él te llamo, que durante un año viviéramos juntas cada uno de los instantes que cambiaron nuestras vidas y juntas enfrentáramos cada diagnóstico, cada malestar, cada emergencia… Que Él eligiera una canción para despedirte y nos diera la oportunidad de darte el último adiós cristianamente porque que sería de mí si hubiese sido en estas circunstancias… ¡Oh Señor, Perdóname! Si no entendí, si no hablé, si sumergida en mi dolor te fallé…

¡Es mayo!

Mami, contrario a otros años esta vez quieren cambiar la celebración del Día de las Madres, hay una lucha de venta y comercio que me da risa, que no conoce de sentimientos. ¡Amar, no tiene fecha! Quizás podemos identificar el inicio del vuelo de las mariposas en el estómago o cuando se acelera el corazón.  Un amor entre madre e hija nunca muere, no viene con fecha de conclusión, ni con la muerte se entierra.… Qué importa una fecha en el calendario cuando no se puede cambiar lo que sentimos. No importa que lo cambien, porque nada, ni nadie podrá sustituir lo que pienso y siento por ti, aun en la ausencia física que ahora entre vivos nos impone el Coronavirus.

¡Feliz Día de las Madres!

Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana.