Dominicanos en el extranjero

Jennifer Candelier: “Me duele el alma cuando veo las noticias de mi país”

Celeste Pérez
Santo Domingo

En diciembre del pasado año, Jennifer Candelier junto a su esposo Tim Vermooij y los hijos de ambos, Mía y Francisco, disfrutó de un tiempo de vacaciones que define como ‘maravilloso’. Y no es para menos estando en su tierra, con los que ama, saboreando a plenitud la gastronomía criolla, bailando un buen merengue y regocijándose con las bondades de esta isla que la vio nacer. “Yo soy lo que se llama una dominicana en cuerpo y alma. Amo mi país y mi gente, y esa pasión la llevo a mi hogar para contagiar a mi esposo, un holandés que hasta ha aprendido un poco de español. Yo quiero que mis hijos sientan que un pedacito de su corazón es dominicano”, Narra Jennifer con el orgullo a flor de piel.

Candelier vive en Barcelona desde hace varios años. Allí ha creado un espacio para desarrollarse profesionalmente y apoyar a su esposo. “No importa lo lejos que este, viví en Holanda algún tiempo, ahora estoy aquí, y siempre estoy al pendiente de mi tierra, de lo que nos aqueja como nación, también celebro nuestros logros. Gracias a las redes sociales me siento cerca”, confiesa la emprendedora que comparte a través de su cuenta de Instagram  temas de maternidad, salud y belleza para una gran comunidad.

Este tiempo de confinamiento por la pandemia del coronavirus, para los Vermooij Candelier ha sido una experiencia con sabor agridulce. “Casualmente días antes de anunciar la cuarentena en Barcelona, mis padres, que residen en República Dominicana, regresaban de un crucero, por lo que pensamos que sería prudente que se quedaran con nosotros esos días. No teníamos ni la menor idea de todo lo que se avecinaba, hoy damos gracias a Dios por iluminarnos a tomar esa decisión”.

Con sus padres, Elida Mateo y Marcos Candelier, en casa las preocupaciones de la familia son menos. “Cuando vemos las noticias de las cosas que están pasando en nuestro país, el poco respeto por las medidas que sugieren las autoridades, el estado crítico de los hospitales, la falta de pruebas, la cantidad de personas que han perdido su trabajo o medio de sustento, de verdad que  me cuelga el alma de un hilo”.

Ellos han tratado de aprovechar cada día realizando actividades de integración familiar y concluyendo proyectos pendientes. “Como buena dominicana siempre trato de buscar el punto positivo de cada situación, de aprender, de evolucionar. En estos días hemos agotado todo un programa de actividades para ayudar a que los niños no sientan ansiedad. Jugamos  en familia también con la intención de que ellos compartan con sus abuelos tiempo de calidad, que quizá con las prisas y la rutina no habría sido posible. Además, mi esposo ha aprovechado para terminar su libro, que gracias a esta pausa ya está en corrección, y yo tenía muchas ideas sueltas para mis redes, el confinamiento me ha permitido desarrollarlas”, dice Candelier.

Pero esta armonía que han logrado en la dinámica del hogar, no suspende la preocupación por sus familiares y amigos que permanecen en la isla. “La esperanza de que pronto saldremos de esta pandemia es lo que nos impulsa a seguir. Prefiero pensar que es una pausa para reencontrarnos con nosotros mismos, para planificar el futuro. Yo estoy segura de que nuestro país va a superar esta crisis como lo ha hecho en decenas de episodios a lo largo de la historia”, sostiene.

“Algunas de las características intrínsecas del dominicano son la valentía y la determinación para derribar cualquier obstáculo, esta pandemia no será la excepción.  Confiamos en Dios en que todo pasará”, vaticina Jennifer Candelier, esperanzada en un mañana mejor.