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Las Sociales jueves, 30 de enero de 2020

Crónica Ligera

Hay más felicidad en dar, que en recibir

  • Hay más felicidad en dar, 
que en recibir
Ana Mercy Otáñez

Saboree nueva vez uno de los mayores placeres del alma, el de dar y ayudar, sin esperar recompensa. Quizás lo había olvidado porque mi estado emocional no me permitía reencontrarme conmigo misma, pero nada es tan gratificante como vivir la sensación y las emociones que nos provoca el goce de facilitar. Es un sentimiento de plenitud y satisfacción que se logra cuando puedes tender una mano a quien lo necesita, simplemente con la intensión de que solucionen una situación, sean felices o alcancen un sueño. Una de las acciones con la que más pecamos, es que damos esperando algo a cambio y así no hay bienestar. Sin embargo, he decidido potencial esos pequeños actos de ayuda y colaboración con el simple propósito de revivir esa sacudida al corazón que nos reboza de felicidad.

Hace diez años...

Conocí a doña Luisa, nuestra historia comenzó cuando llegó a nuestra familia por asuntos laborales, justo en ese momento se quedó viuda y con cuatro hijos. Desde entonces también asumió los dos míos, que eran niños estudiantes de primaria, hoy uno profesional y el otro a punto de terminar su carrera. Ella, más que una empleada es parte de nuestra familia, nos atiende, nos cuida y nos complace. Un día, por una iniciativa no mía, conocí las precaria situación de su hogar y lo lejano que queda de nuestra casa, desde ese momento comenzamos a buscar la manera de ayudarla, pero para nuestra familia los años recién pasados fueron muy duros, por lo que quizás no le pusimos la atención debida.

El Invi

Un día, realizando nuestro trabajo periodístico como cada madrugada, después de una entrevista nos atrevimos a presentarle ese caso a Mayobanex Escoto, director de Instituto Nacional de la Vivienda, le expusimos la situación y sus necesidades, por pedido de doña Luisa, ni de sus hijos, sino, porque es de suma importancia para nosotros su bienestar y conseguirle esa ayuda se convirtió en una de nuestras prioridades. Valoro la solidaridad, el desprendimiento y la entrega que posee Escoto, porque si algo reconozco es que esas cualidades aparezcan en los funcionarios del Estado para quienes en muchos de los casos nos convertimos en sus adversarios por el trabajo que realizamos.

La casa

Todos los que hemos vivido el proceso de adquirir una vivienda sabemos lo trajudicial de cada una de la diligencias, los papeles, las certificaciones y a evaluación para optar el préstamos. Sin embargo, el gobierno a través del Invi realiza estas obras con el simple propósito de impactar positivamente la vida de los más necesitados, ayudándolos a vivir dignamente. Cuando vi la casa de doña Luisa y sus hijos quedé impresionada, vinieron a mi mente, recuerdos de mi niñez en Cotuí, porque así era nuestra casa. Es una hermosa casita construida en el tradicional diseño de “altura de persianas”, mitas block y mitad madera con todas sus necesidades, baño, cocina y lavadero. Es un cambio del cielo a la tierra, ya no hay paredes de zinc oxidado, piso de tierra y sin ninguna comodidad. A ellos la vida les cambió y a nosotros nos premió al convertirnos en el vehículo que los condujo hasta la felicidad de alcanzar el más anhelado sueño de una madre.

¡Gracias a Dios por este privilegio!

 


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