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Las Sociales sábado, 20 de abril de 2019
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PROTAGONISTA. ESPECIAL DE CUARESMA

Saulo Hidalgo: “La santidad se construye”

  • Saulo Hidalgo: “La santidad se construye”

    Como predicador posee una trayectoria de más de 28 años. CORTESÍA DE RITMO SOCIAL.

Fanny Santana
Especial para Listín Diario
Santo Domingo

Con motivo de la Cuaresma, tiempo litúrgico que marca la Iglesia para la preparación a la gran fiesta de la Pascua, el equipo de Las Sociales ha invitado a importantes personalidades que representan la fe cristiana, para compartir un mensaje de esperanza y fortaleza espiritual.

Esta primera entrega se engalana con el reconocido predicador, orador y escritor Saulo Hidalgo.

¿La santidad se logra un día a la vez?
¡Jamás! La santidad es algo que se construye día a día. En el principio San Pablo escribía las cartas a “Los santos”. Pablo utilizaba la expresión para dirigirse a los elegidos de Dios, no a los perfectos, sino a los que estaban en camino de la perfección.

El papa Francisco ha dicho que Dios quiere santos que trabajen, que tengan familia, que puedan estar en el mundo sin dejarse dominar por el mundo. Es algo perfectamente posible. Yo saludo a la gente con esa palabra diariamente. Les pregunto: ¿Cómo estás santo? Es, más que nada, un desafío a cada persona. El llamado es a hacer la diferencia. Usted y yo podemos hacer la diferencia en todo lo que hagamos y esa es la verdadera santidad.

¿Se puede seguir a Cristo reconociéndose como un pecador?
No se puede tener salvación sin necesitarla. Jesús dijo que no son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. Quizás es todo lo contrario. No se puede seguir a Jesús, sin reconocerse pecador. Solo el que se ha caído, puede levantarse. El que no se cae, jamás necesitará levantarse, ¿cierto? No existe santo sin pasado, pero tampoco existe pecador sin futuro. Es la grandeza de Jesús, que todo lo hace nuevo.

¿Qué es la felicidad?
Precisamente, acabo de publicar mi libro: “Atrévete a ser Feliz”, aquí explico que se puede ser plenamente feliz y que, además, no es nada complicado serlo. No depende de otras personas. No depende de tener cosas, ni siquiera de tener la salud. En ese sentido, Gabriel García Márquez expresó: “No hay medicina que cure lo que la felicidad no puede”. La infelicidad va de la mano de la inseguridad y de la preocupación. En tal sentido, Confucio afirmó: “La vida es sencilla, pero insisten en que sea complicada”.

 ¿Cómo ha logrado ser la mejor versión de sí mismo?
No lo he logrado aún. Pero estoy intentado hacerlo. Mi meta es mejorar un 1% cada día. Si lo hago, al mes seré un 30% mejor y al año, calcúlelo usted. La mejor escuela que he tenido para sacar la mejor versión de mí han sido los problemas, porque te pulen o te acaban. La vida es como una moneda, puedes gastarla en lo que quieras, pero la puedes gastar una sola vez.

¿Cómo logra el equilibrio entre el ministerio y su familia?
Jesús le dijo a su amigo Timoteo (Cfr. 2 Tim 1, 7) que Dios nos había dado un espíritu de poder, de amor y de dominio propio. De ese espíritu me agarro para poder hacer lo que debo, y no hacer lo que no debo. Evito a las personas y los lugares que me puedan hacer propenso a fallar. Para ser un discípulo bueno, no siempre hay que tener respuestas; lo que siempre hay que tener es preguntas y hacerlas con el interés de uno mejorarse, no de angustiarse.

Para lograr el balance con mi familia, lo primero que hago es tratar de que Dios y mi trabajo nunca sean un obstáculo. Trato de que en todo lo que haga o sueñe hacer, esté incluida mi esposa y mis hijos. Que amen a Dios por mí y no que lo desprecien por mí.

Su mensaje es eficaz para orientar, ¿por qué?
Primero porque Dios viene a buscar y salvar lo perdido siempre, a traer vida en abundancia, a dar y no a exigir, a sanar y no a hacer más heridas, a guiar y no a confundir, a dar luz y no a maldecir la oscuridad. Esto, créame, funciona. La ayuda siempre es bienvenida. Segundo, porque creo en lo que hago. El que no ha sido primero iluminado, no puede iluminar a los demás. El que no ha sido rescatado, no puede ayudar a rescatar a otros. Lo que yo predico no solo lo he estudiado; lo he aprendido en mi propia vida. Por eso le creo a Dios y gastaré mi vida intentando que los demás lo experimenten. Cuando uno ama lo que hace y cree en ello, siempre funciona. Un día le preguntaron a un camionero: ¿Cómo es que usted siempre está feliz en su trabajo? El camionero contesto: “Mi estimado, la mayoría de mis compañeros cada día salen a trabajar, yo salgo a pasear”. Y es que con Cristo, la vida es un paseo.

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