GENTE

Todos tenemos una razón...

Estaba sentada junto al diseñador de moda venezolano Ángel Sánchez, sosteniendo una agradable conversación, y al escucharlo hablar sobre su trabajo de pronto llega a mi mente la razón por la cual decidí ser comunicadora. Justo por la posibilidad de tener oportunidades como esta, de conocer a la gente y hurgar en sus vidas en apenas minutos, minutos que por la intensidad de una mirada pueden revelar ante un buen observador mucho más experiencias vividas que cualquier cantidad de incontables palabras expresadas. Siempre digo que cada persona es un mundo y ¡por sus gustos lo conoceréis! Probablemente resulte osado de mi parte decir que al interactuar con cualquier persona podemos hallar mucha de la sabiduría, que en ocasiones, pensamos sólo se encuentra en los libros de los que huimos “por falta de tiempo”. Pero al fin y al cabo, ¿quien escribe los libros?.. El hombre, los seres humanos, cualquiera de nosotros con vivencias suficientes y experiencia para compartirlo adecuadamente en ese formato. En lo particular ha sido un gran privilegio elegir el periodismo como oficio para ganarme la vida, no ha llegado un día en que me arrepienta por haberlo decidido; 20 años después agradezco a Dios por obsequiarme el don de ser buena intérprete de aquello que escucho, teniendo la oportunidad de servir como enlace entre un entrevistado y miles de lectores o televidentes que reciben con respeto mi trabajo. Créanme que yo asumo con el mismo respeto mi labor y la responsabilidad que conlleva informar objetiva y desinteresadamente. No se cuantos periodistas en el mundo pueden afirmar que ejercen su trabajo sin percibir más ingreso que el salario remunerado por el medio de comunicación que pertenecen, pues yo soy una de ese grupo. Siempre entendí lo delicado de mi profesión y sobre todo, lo que implica construir tu credibilidad y evidenciar claramente el criterio propio, esto es algo que no se aprende en la universidad, pero que todos estamos en la capacidad de ejercer: el respeto a uno mismo es esencial para respetar a los demás y que a su vez, estos sean recíprocos. Lo más importante en mi caso, ha sido poder legar a mis hijos un nombre sin tachas, lo cual supongo ha de ser parte del sueño de todo padre o madre responsable. Eso me motiva a hacer mi trabajo con dignidad, entusiasmo, orgullo y pasión. En esta columna, la primera que escribo en el año 2014, renuevo el compromiso adquirido conmigo misma y es mi deseo que todos los que hoy me leen se entreguen con vocación de sacerdocio a aquello que entienden es su pasión. ¡Todos podemos llegar a la meta de cara al sol! Sólo es cuestión de proponérselo con firmeza. Mi agradecimiento sincero a los colaboradores, periodistas, relacionadores públicos; gracias a cada entrevistado por compartir su historia y, por supuesto, a nuestros lectores, porque sin ustedes esperándonos diariamente no estaríamos completos... ¡Nada tendríamos que contar! Lo mejor está por llegar. www.magnoliakasse.com

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