ETIQUETA Y PROTOCOLO

Decencia y pudor

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Sandy Pou de FernándezSanto Domingo

Antes de iniciar esta columna, quisiera pedirle a Dios por todos los que han sufrido física y emocionalmente los estragos de esta tormenta Noél. Le ruego porque llene los corazones de todos los dominicanos para que se solidaricen con esta causa y ayudemos a todos los necesitados. Recuerden que no es tan difícil, con voluntad y fe en Cristo todo lo podemos. La decencia y el pudor piden que se cubran todas las partes del cuerpo, salvo la cabeza y las manos; es por tanto indecente tener el pecho descubierto y los pies descalzos; es incluso contrario a la ley de Dios descubrir ciertas partes del cuerpo que el pudor, al igual que la naturaleza, obligan a tener siempre escondidas. Como debemos considerar nuestro cuerpo con sumo respeto debemos también, en vista a las hermosas cualidades que posee, tenerle mucho respeto; esta consideración debe inducirnos particularmente a no tocarlo e incluso a no mirarlo sin indispensable necesidad. Es conveniente acostumbrarse a soportar algunas pequeñas molestias sin volverse, frotar, rascar, sin moverse y tener postura alguna menos decente, pues todas estas acciones y posturas indecorosas son contrarias al pudor y a la modestia. Es mucho más descortés e indecoroso tocar o ver en otra persona, sobre todo si es de sexo diferente, por esto es muy indecente mirar hacia las zonas íntimas de una mujer, y más aún el tocarlo. Las mujeres deben asimismo procurar cubrir decentemente su cuerpo y velarse el rostro, según el consejo de San Pablo, ya que no está permitido exponer lo que los otros no pueden mirar libre y decentemente. Cuando se esté acostado hay que procurar tener una postura tan decente y modesta que los que se aproximen a la cama no puedan ver la forma del cuerpo; hay que tener cuidado también de no descubrirse de modo que no se muestre ninguna parte desnuda del cuerpo, o que no esté cubierta con decencia. Cuando se tenga necesidad de orinar, hay que retirarse siempre a algún lugar separado, y cualquiera otra necesidad natural que se pueda tener, es conveniente, incluso los niños, no hacerla sino en lugares en los que no puedan ser vistos. Es sumamente descortés dejar salir ventosidades, aunque sea sin ruido, al estar en compañía; es vergonzoso y feo hacerlo de manera que pueda ser oído por los otros. No es cortés hablar de las partes del cuerpo que deben permanecer escondidas, ni de ciertas necesidades del cuerpo a las que la naturaleza ha sometido al hombre, ni nombrarlas siquiera; y si alguna vez no puede uno pasarse de ello, respecto de un enfermo o de una persona indispuesta, hay que hacerlo de manera tan fina que los términos utilizados no puedan chocar en nada a las buenas maneras.

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