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Las Mundiales lunes, 30 de marzo de 2020

Medida

Duras decisiones sobre cuáles pacientes salvar

  • Duras decisiones sobre cuáles pacientes salvar

    En el centro a la izquierda, la hija y el esposo de una anciana fallecida por COVID-19, de pie mientras enterradores colocan el ataúd en su tumba en el cementerio de La Almudena en Madrid, España.

AP
Barcelona

España e Italia reclamaron más ayuda europea en la lu­cha contra el coronavirus, la peor crisis para la región desde la Segunda Guerra Mundial. En Estados Uni­dos, las autoridades pidie­ron a millones de residentes en la ciudad de Nueva York y sus alrededores evitar los traslados.

En todo el mundo, los médicos tomaban duras decisiones sobre qué pa­cientes salvar con los res­piradores limitados de los que disponían. La cifra global de muertos confir­mados superó los 31.000 y aparecieron nuevos fo­cos de infección en impor­tantes ciudades de Esta­dos Unidos como Detroit, Nueva Orleans y Chicago. Ni siquiera las zonas rura­les se salvaron, con brotes en localidades del centro-norte de Estados Unidos y en estaciones de esquí de las Rocosas.

Solo España e Italia su­ponían más de la mitad de la cifra global de muertos y aún registraban más de 800 muertes al día cada una.

Sin embargo, los exper­tos señalaron que la cifra de fallecidos en todo el mun­do estaba muy por debajo de la real debido al núme­ro de pruebas realizadas y a decisiones políticas sobre qué muertes se contabiliza­ban. A diferencia de Esta­dos Unidos, Francia seguía sin incluir las muertes en re­sidencias de ancianos o en viviendas particulares en su conteo de víctimas del virus, a pesar de que se sabe que las residencias son focos de infec­ción en todo el mundo.

“Europa debe demostrar que puede responder a esta llamada histórica”, dijo el sá­bado por la noche el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte.

La crisis “afecta a todos los sistemas económicos y socia­les de los estados miembros”, señaló. “Pelearé hasta la últi­ma gota de sudor, hasta el úl­timo gramo de energía, para conseguir una fuerte, vigoro­sa y cohesiva respuesta euro­pea”.

El presidente estadouni­dense Donald Trump dio marcha atrás en su amena­za de imponer una cuaren­tena sobre Nueva York y los estados vecinos, entre críti­cas y cuestionamientos sobre la legalidad de la iniciativa. Pero los Centros de Control y Prevención de Enferme­dades emitieron una adver­tencia instando a todos los residentes en la ciudad de Nueva York, y en zonas cer­canas de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut a evitar cualquier desplazamiento no esencial durante 14 días.

Por impactante que pue­da resultar la advertencia para los estadounidenses, quedaba lejos de las restric­ciones impuestas en Euro­pa y otras regiones. Los pa­risinos se arriesgaban a una multa si intentaban aban­donar la ciudad, mientras que los sudafricanos no po­dían siquiera pasear a sus perros ni comprar alcohol. En Italia se acumulaban los ataúdes pese a las tres se­manas de estricto confina­miento, y los entierros se celebraban con apenas un familiar.

El gobierno de España anunció que endurecería el domingo las medidas de ais­lamiento al prohibir la activi­dad económica no esencial, tras alcanzar otro récord de 838 muertos en un día. Casi 6.500 personas han muerto ya en el país, según el conteo oficial.

El responsable de emer­gencias y alertas sanitarias en España, Fernando Simón, expresó su esperanza de que el brote se estuviera estabili­zando y cerca de tocar techo en algunas zonas. Pero la cri­sis está golpeando la econo­mía global y poniendo una onerosa carga sobre los siste­mas nacionales de salud. El presidente del gobierno espa­ñol, Pedro Sánchez, pidió una respuesta más enérgica de la Unión Europea.

España, Italia, Francia y otros seis estados miembros de la UE han pedido que el bloque de 27 países compar­ta la carga de deuda emitien­do lo que los medios han apo­dado como “coronabonos”, para ayudar a combatir el vi­rus. Pero la idea ha encontra­do resistencias de otros miem­bros, liderados por Alemania y Holanda.

Además, varios países eu­ropeos se han resistido a com­partir mascarillas y otro equi­po médico con sus vecinos por temor a que pronto los necesiten ellos también en gran cantidad. Muchos países han acudido a China, donde el brote está remitiendo, fle­tando aviones de mercancías para conseguir mascarillas y otros equipos de protección.

Las infecciones en to­do el mundo superaron las 680.000 personas, con más de 31.000 muertes entre los nuevos casos, según un re­cuento de la Universidad Jo­hns Hopkins.

Estados Unidos era el país con más enfermos con 120.000 casos confirmados. Otros cinco países tenían ci­fras de muertos más altas: Italia, España, China, Irán y Francia. Italia sumaba más de 10.000 muertes, más que nin­gún otro país.

Egipto cerró sus playas mientras los casos en Oriente Medio superaban los 50.000. Polonia consideraba aplazar sus elecciones presidenciales del 10 de mayo, mientras que el primer ministro de Rusia, Mikhail Mishustin, ordenó el cierre de sus fronteras desde el lunes.

Vietnam recortó los vuelos internos y cerró restaurantes y otros negocios durante dos se­manas a partir del sábado. Las reuniones de más de 20 per­sonas quedaron prohibidas y el gobierno instó a las empre­sas a permitir que los emplea­dos trabajaran desde casa si era posible.