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Las Mundiales domingo, 05 de mayo de 2019

TIANANMEN

La universidad china, de vanguardia de las protestas a la represión y censura

  • La universidad china, de vanguardia de las protestas a la represión y censura

    Miembros de la Extinción Rebelión Hong Kong sostienen pancartas que exigen una acción rápida sobre el cambio climático frente a un planeta planeta Tierra gigante en un centro comercial en Tsuen Wan, Kowloon, Hong Kong, China. Foto AP.

EFE
Pekin

De las calles a la sede del Gobierno; de lanzar proclamas idealistas a escuchar discursos adoctrinadores; de las sentadas en la plaza de Tiananmen a sentarse por obligación en las bancadas del Gran Palacio del Pueblo.

La universidad china ha perdido toda capacidad de protesta, cuando se cumple un siglo de las manifestaciones estudiantiles que reclamaban al Ejecutivo chino de la época modernización, dignidad y justicia ante las concesiones al imperialismo japonés que establecía el Tratado de Versalles.

No porque entre sus muros no exista debate, o intercambio de ideas, o aspiraciones de una sociedad más abierta, sino porque la China presidida por Xi Jinping no tolera la más mínima disidencia pública.

Esta semana, en un acto en el Gran Palacio del Pueblo de conmemoración del 4 de mayo de 1919 -protestas que el Partido Comunista de China (PCCh) considera poco menos que su acto fundacional- Xi sentó a miles de estudiantes a escuchar lo que el Gobierno espera de ellos.

El previsible discurso de Xi estuvo trufado de mensajes repetidos hasta la saciedad como "el sueño chino del rejuvenecimiento nacional", un cajón de sastre en el que cabe todo aquello que sirva para enriquecer al país asiático sin que el PCCh ceda un ápice de su poder.

"En la nueva era, el tema y la dirección del movimiento juvenil chino y la misión de los jóvenes chinos son mantener el liderazgo del PCCh, y trabajar con la gente para lograr los dos objetivos centenarios", aleccionó el líder chino a los presentes.

Xi hizo llamamientos al patriotismo, a "seguir bajo el estandarte del marxismo", a "amar al país de manera apasionada", y de nuevo, a "establecer la creencia en el marxismo, la fe en el socialismo con características chinas así como la confianza en el sueño chino de rejuvenecimiento de la nación".

La creencia en el marxismo, sí, pero solo en la interpretación que le da el PCCh, ya que varios universitarios marxistas han sido detenidos en los últimos meses en China, varios de ellos por mostrar su solidaridad con reclamaciones sindicales de obreros de una empresa tecnológica.

Misma suerte corrió, el pasado mes de marzo, el profesor de Derecho de la universidad pekinesa de Tsinghua Xu Zhangrun, muy crítico con la eliminación de límites de mandato llevada a cabo por Xi, con el culto a la personalidad de este y con las políticas del Gobierno.

Con antecedentes así, no sorprende que la atmósfera en Béidà, como se conoce comúnmente a la prestigiosa Universidad de Pekin, sea de todo menos revolucionaria.

En su campus -unos jardines de la Dinastía Qing que invitan al descanso- no hay un solo resquicio aparente de actividad política.

"Prefiero que mi hijo se centre en sus estudios a que se meta en asuntos políticos", asegura el padre de un estudiante universitario que conoce de primera mano las consecuencias del activismo político en China y solicita el anonimato.

Durante una visita al campus de Béidà, los guías no permiten a Efe acercarse al monumento que la universidad erigió a uno de sus empleados más ilustres y cofundador (en 1921) del PCCh, Li Dazhao, y no aportan explicación alguna para ello.

En torno a 1917, fue Li quien ilustró en materia comunista a su joven ayudante en la biblioteca del centro universitario, un tal Mao Zedong.

De la universidad china también salieron quienes actuarían de portaestandarte del maoísmo: los Guardias Rojos.

Y fue precisamente la universidad la que alumbró a los manifestantes de Tiananmen, que solicitaban que sus peticiones de apertura, democratización y combate a la corrupción fueran escuchadas por la cúpula del país.

Unos 100.000 manifestantes salieron entonces, en 1989, a conmemorar el movimiento estudiantil del 4 de mayo y continuar con sus propias demandas.

El entonces secretario general del PCCh, Zhao Ziyang, dio un discurso con motivo de la efeméride en el que rebajó el tono de mano dura contra los universitarios que pretendía imponer (y terminó imponiendo) el ala conservadora del partido.

Desde aquella violenta supresión de las protestas, de las que dentro de justamente un mes se cumplirá el trigésimo aniversario y cuyo número de víctimas sigue siendo un misterio, los estudiantes no han vuelto a salir en masa a las calles.

Falta por ver si ese aniversario también será recordado por el Gobierno con la misma cobertura mediática y el mismo número de actos que los ahora realizados, con una universidad atada de pies y manos a nivel ideológico.

Sin embargo, en la universidad también hay quien cree que la línea de Xi es la única válida, según la cual no hay espacio ni para la autocrítica ni para las opiniones divergentes.

"Como representante de la fuerza política y social más avanzada -asegura en la prensa local Zhang Zhaojun, profesor de la Escuela de Historia de Béidà-, el PCCh debería guiar el desarrollo de la juventud".


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