A DISTANCIA

El temor eterno

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Adolfo ValenzuelaSanto Domingo

Pongamos en una fórmula los siguientes elementos: pobreza, narcotráfico, policías corruptos y/o incompetentes y hastío de la gente. No hay forma de que el resultado sea “bienestar social” o “desarrollo”. Como mucho, muerte, sangre, dolor y odio interno. Las llamadas “autodefensas” en México no son un fenómeno nuevo en América Latina. Ya el ensayo tuvo lugar en Colombia donde, lamentablemente, fueron infiltradas por los narcos y los resultados fueron más delincuencia que paz comunitaria. En el caso mexicano, la gente se unió para luchar contra los narcotraficantes de “Los Caballeros Emplarios”, los cuales corrompían a los agentes con dinero, extorsionaban a los pobladores y empresarios, secuestraban, explotaban las minas de hierros, asesinaban a sus detractores... todo bajo “la protección de funcionarios y policías locales”. Claro, “controlaban la producción de marihuana y trabajaban en los laboratorios clandestinos de drogas sintéticas como el “crystal” o “ice”, con mercado seguro en los Estados Unidos. Pero en febrero del 2013, ya la gente empezó a hartarse de la presión de los narcotraficantes. El líder, de nombre José Manuel Mireles, encabezó el movimiento contra la violencia y la inseguridad. “Los michoacanos tomaron las armas para defender a sus comunidades del acoso de grupos del crimen organizado y del narcotráfico”, según un informe de AFP. Las autodefensas “trabajan” en 20 de 113 municipios, todos afectados por la violencia. Mireles, quien hace poco sufrió un accidente tras el aterrizaje forzoso en una avioneta en el que murió uno de sus compañeros, tuvo que ser hospitalizado por heridas serias en la cabeza. Mientras tanto, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y sus representantes locales, intentaron borrar la imagen de que estaban apoyando discretamente la labor de las autodefensas. El secretario de Interior, Miguel Ángel Osorio Chong, explicó que los grupos debían “entrar al orden institucional y estar dentro de la norma para poder ayudar en la seguridad de sus comunidades y encontrar respuestas”. Pero , como dice el analista Raúl Benítez Manaut, de la Universidad Nacional Autónoma de México, “el gobierno de Michoacán critica a las autodefensas, pero no hace nada para que su policía sea efectiva(...) no está protegiendo a la población”. No todo es color de rosa. Habitantes de Parácuaro aseguran que se oponen a las autodefensas porque “obligan a los jóvenes a unírseles”. El mayor temor reside en que se repita la experiencia Colombia, y que el movimiento se expanda por la región. Condicionaes hay.

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