Análisis a distancia

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Adolfo ValenzuelaSanto Domingo

Apagada gira por OrienteEl presidente de Estados Unidos, George W. Bush, terminó hace pocos días una gira por países del Cercano Oriente en donde, más que retornar con logros palpables, recibió sonrisas... y nada más. El centro de su viaje era lograr un mayor impulso al proceso de paz israelo-palestino, en especial luego de la cumbre de Annapolis. Para lograr su meta, no dudó en echarles en cara a cada una de las partes envueltas sus deslices: Israel debe dejar de construir comunidades en terrenos palestinos, y los palestinos deben dejar de lanzar cohetes contra el territorio israelí. Luego de la partida del Presidente, las acciones bélicas no se han detenido, más bien se han incrementado. Otra de sus metas era “aislar” al regimen iraní por el avance de su planta nuclear, apoyado por los rusos, con “fines pacíficos”, utilizando un discurso muy cercano al usado antes de iniciar el conflicto antiSadam: Irán es una amenaza para el mundo. Pero, la Casa Blanca ha negado con reiteración, que no tiene en proyecto una guerra contra Teherán, menos a apenas un año de terminar su período presidencial. También trató de resolver uno de los problemas que le presionan no sólo a él, sino también a todo el mundo: el petróleo. Le planteó a Arabia Saudita que aumentara su producción del combustible, pero todavía se espera una respuesta “apropiada” a la petición del amigo y socio encargado de la seguridad de la familia saudita. De hecho, los países árabes tienen sus políticas externas muy bien definidas sobre sus vecinos, y si eres demasiado amigo de Washington, te miran con desconfianza. Para no entrar en conflicto, prefirió callar aquello que todo el mundo sabe: la falta de derechos humanos en países como Arabia Saudita, Egipto o los Emiratos Árabes Unidos. La inexistencia de la democracia en Cercano Oriente ya no es motivo de ruptura política, siempre que los vecinos cumplan con sus roles exteriores. Pero lo mejor lo hizo Condoleezza Rice, quien le mandó a callar cuando el mandatario estadounidense analizaba con demasiada vehemencia la política regional. La confianza estaba desbordada.

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