TESTIMONIO CONSUELO GONZÁLEZ

El horror de la situación de los rehenes debe servir para tenerlos presentes

PITALITO (Colombia).- Consuelo González de Perdomo, secuestrada durante más de seis años por las FARC y que hoy regresó a su pueblo natal Pitalito, en el departamento sureño del Huila, no quiere que se disipe el "horror" de la situación de los secuestrados para tenerlos presente de manera "permanente". La ex legisladora, liberada el pasado 10 de enero en las selvas del Guaviare colombiano, trasladada a Caracas ese mismo día, de donde viajó a Bogotá el pasado lunes se refirió a las dramáticas pruebas de supervivencia que se trajo de ocho compañeros de su grupo que quedaron en manos de la guerrilla. "Las pruebas de supervivencia han causado horror en Colombia y en el mundo", un horror explicó, que "ojalá no se disipe" para que todo el mundo sea consciente de su situación. "Ojalá que esta motivación y despertar frente a la situación de los secuestrados sea permanente", dijo al término de un día agotador y emocionante para ella y su familia que fueron recibidos con enorme felicidad por todo el pueblo. Miles de sus conciudadanos acudieron a recibirla en el pequeño aeropuerto de Pitalito, después de las tres de la tarde, que le acompañaron durante más de dos horas en caravana para hacer un recorrido que, en condiciones normales, se hace en diez minutos. La ceremonia oficial de bienvenida; una misa oficiada por el arzobispo de la diócesis de Garzón, monseñor Rigoberto Corredor, y miles de saludos y abrazos no agotaron a Consuelo González que concedió una rueda de prensa a las diez de la noche ante un pequeño grupo de periodistas. La ex congresista reiteró que sus esfuerzos ahora se dirigirán fundamentalmente a conseguir un acuerdo humanitario entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno que preside Álvaro Uribe. La negociación de ese acuerdo pretende, en primer lugar, lograr la liberación de 44 secuestrados, considerados por las FARC como "canjeables", pese a que según el gobierno mantiene a otros más de 700 por motivos extorsivos, a cambio de unos 500 guerrilleros presos. La guerrilla exige para ello el despeje o la desmilitarización de Florida y Pradera, dos municipios del departamento suroccidental del Valle del Cauca, algo a lo que Uribe se opone. Consuelo González fue rotunda al afirmar que "solo con medidas de guerra será imposible encontrar la paz" que, añadió, se debe lograr "a través del entendimiento y la negociación política". "De manera inmediata, como ya lo he dicho, mi intención es trabajar por el acuerdo humanitario, en toda mi vida y en todas mis acciones", porque, agregó, "pienso que me toca enfrentar este compromiso y así lo voy a hacer". González fue secuestrada el 10 de septiembre de 2001, en la carretera que une Pitalito con Neiva, capital del departamento del Huila, y fue liberada junto a Clara Rojas, ex candidata a vicepresidenta secuestrada el 23 de febrero de 2002 junto a su compañera candidata a la presidencia Ingrid Betancourt, también nacional francesa, que permanece en cautiverio. Aunque "sigo sin conocer los motivos de las FARC para la liberación", dijo, ésta se produjo, según la guerrilla, como gesto hacia el presidente venezolano, Hugo Chávez, que había actuado como mediador, hasta que Uribe suspendió sus gestiones. Frente al intercambio humanitario, González señaló que Chávez "en ningún momento ha estado en contra", y consideró que "para la recuperación de las vidas (de los secuestrados), los avances son importantes". Sin embargo, "en otros temas, como la beligerancia", es decir retirar el calificativo de terrorista, que las FARC tienen en Colombia, en Europa y Estados Unidos, como Chávez ha pedido, las razones, apuntó, "serían válidas si se lograse primero una actitud diferente por parte de las fuerzas insurgentes". Después de esos años de tortura, la ex legisladora dijo sentir "una profunda lástima" por las FARC, "porque la razón de ser de su lucha se ha perdido, es decir el centro de todo proceso revolucionario que es el ser humano". También recordó que en ese período, "a pesar de tanto horror se encuentran momentos que proporcionan felicidad, como cuando me enteré del nacimiento de María Juliana", su nieta de dos años y de quien no se ha separado desde que llegó a Caracas, "fue un momento muy importante para fortalecerme y resistir". Pero cuando se enteró de la muerte de su esposo, Jairo Perdomo, reconoció, "sentí que todo se me venía a los pies, me dolió profundamente", lo mismo que cuando se enteró de la muerte de once diputados secuestrados del Valle del Cauca. Para sobrevivir en esas condiciones y durante tanto tiempo, dijo González "el secuestrado debe encontrar mecanismos que le permitan sobrevivir, algo que haga la vida menos difícil y ocupar el tiempo para no hundirse".

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