TRANSFORMACIÓN
Remesas enviadas son alma y vida en desarrollo Cabrera
DANIEL SHOER ROTH.- Tomasa Martínez es una de 20 millones de latinoamericanos que se benefician de los giros que reciben de sus familiares en otros países. En este plácido pueblo ganadero en el litoral nordeste de la República Dominicana, donde los rutinarios apagones nocturnos han acostumbrado a la mayoría de sus 5,000 habitantes a vivir intermitentemente sin luz, Tomasa Martínez, una ama de casa que desconoce su año de nacimiento y no sabe leer, se encuentra entre los privilegiados. Con el dinero que le envía periódicamente una nieta que trabaja en un comercio en Nueva Jersey, el pasado Día de las Madres le compraron un inversor, un equipo de baterías que almacena la electricidad durante el tiempo de suministro. Para la anciana, una fanática de las telenovelas que se desilusiona si pierde un episodio, el dispositivo ha sido su ‘’salvación’’. Ahora, cuando el pueblo de Cabrera se queda a oscuras, las vecinas de Martínez se sientan a su lado frente al viejo Samsung de 12 pulgadas, para seguir minuciosamente las tramas de La Viuda de Blanco y Marina. ‘’Yo así me embullo, viendo novelas’’, dijo sonriente la humilde mujer al ritmo del canto de unos gallos de pelea enjaulados afuera de la chabola donde vive con su hija y nieto. Mientras cocinaba un plato típico de arroz con habichuelas, guandules y maíz, en un improvisado fogón al borde de un pequeño platanal, comentó: ``Yo le brindo cariño a todo el mundo... y también el televisor’’. La millonaria transfusión de remesas familiares ha transformado drásticamente a Cabrera en años recientes, mejorando las condiciones de vida de residentes como Martínez e inyectando a la economía local una vitalidad que resalta frente otros poblados aledaños menos afortunados. Inversiones a la vista A lo largo de dos cuadras en el centro comercial del pueblo, colindan una agencia de inversión, una corporación de crédito, un despacho de abogados, una casa de cambio y un centro de telecomunicaciones. En cada rincón hay una casa en construcción y solares en venta. Los colmados o bodegas están abarrotados de compradores con efectivo. La infraestructura pública se ha revitalizado con donaciones comunitarias de los cabrereños que se han trasladado a trabajar en Estados Unidos y Europa. Cabrera, a menos de 100 kilómetros al este de Puerto Plata, es un microcosmos de un panorama socioeconómico que se repite en América Latina y el Caribe. El año pasado, 20 millones de hogares en la región recibieron un récord histórico de más de $60,000 millones en giros enviados por los emigrantes, sobrepasando con creces los flujos de asistencia oficial para el desarrollo, así como las inversiones de capitales privados, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Washington, D.C. ‘’[Cabrera] refleja bien el fenómeno de las remesas que irradia la región’’, aseveró Pedro de Vasconcelos, el coordinador del programa de remesas del Fondo Multilateral de Inversiones del BID. ``La emigración en Latinoamérica sigue aumentando por la falta de oportunidades laborales’’. En el mercado central de Cabrera, donde las zanahorias, las berenjenas, los ñames, las yucas y las batatas parecían sembradas en el país de los gigantes visitado por Gulliver, se palpaba la vibrante vida comercial del animado pueblo. Hombres, mujeres y niños entraban y salían incesantemente, saludándose por su primer nombre como lo hacen los que pertenecen a una misma familia. No había canastillas ni cajas registradoras. Todos esperaban pacientemente para usar la única balanza que colgaba del techo. Luego vociferaban el peso de los alimentos para que, entre el bullicio, los vendedores pudieran computar los precios haciendo multiplicaciones escritas sobre bolsas de papel marrón.

