CLAMAN QUE LEONEL LOS AYUDE
Hundimientos en Sánchez no cesan y hay mucho temor
SE INFORMÓ QUE EN LOS ÚLTIMOS TRES AÑOS HAN DESAPARECIDO 40 CASAS
SÁNCHEZ. Samaná.- En el silencio de las noches despiertan atemorizados por el sonido de sus casas que se “quejan”, pero cuando nace el nuevo día el miedo los embarga aún más cuando observan sus moradas bajo la amenaza de ser “tragadas” por la tierra. Ese es el día a día que viven más de 200 familias asentadas en los barrios Altamira, La Torre, Los Johnson y La Navaja de este municipio, donde los hundimientos y deslizamientos de tierra han hecho desaparecer unas 40 viviendas en los últimos tres años, según informó la presidenta de la Red Comunitaria de la zona, Eugenia Esteban.
Estas comunidades se han convertido en un espacio donde el peligro ronda a cada segundo, ya que las viviendas de madera y concreto, así como sus patios, calles y todo el lugar, presentan fallas que la gente atribuye a que se están hundiendo paulatinamente.
Sin embargo, el proyecto habitacional que inició el Gobierno Central el pasado año para alojar a los afectados, tiene más de tres meses paralizado y según versiones recogidas entre los lugareños, los terrenos donde son edificadas las viviendas no son firmes.
Familias entrevistadas ayer por LISTÍN DIARIO manifestaron que su temor es acostarse y despertar flotando en medio del mar, o en el caso más extremo, no volver a ver más la luz del día.
“Es que la tierra quiere tragarnos vivos. Este sector era llano y a raíz de que se iniciaron los hundimientos en el año 2003, se ha inclinado, pero lo peor del caso es que cada día vemos que la situación es más grave porque nuestras casas ya no aguantan, mientras las autoridades parece no interesarle el tema”, dijo la señora Josefa Anderson Malún.
La dama habita en una vivienda que su hermano le construyó a su madre el pasado año, pero un hundimiento que se produjo en la sala de su casa y la galería, la inclinó hacia uno de sus lados y está a punto de caerse.
Ahí reside, en una casa que fue partida en dos pedazos por una grieta y un hundimiento que dividió la sala en dos pedazos, por lo que para caminar dentro de ella, hay que subir como en una especie de filoso escalón.
La situación en que vive esta señora y sus vecinos les impide llevar una vida normal, pues según dijeron no pueden dormir, y su preocupación es mayor cuando llueve, pues temen que ocurra una desgracia.
En el barrio Altamira, donde reside un considerable número de familias han tenido que habituarse a convivir con sus hijos en pisos de tierra, el cual se transformó de cemento a esa condición, fruto de los constantes hundimientos que los afectaron y convirtieron el cemento en añicos.
Empero, hay casos extremos como el de los esposos Ana Mercedes y Francisco Calcaño. Su vivienda de concreto fue afectada por un hundimiento en el centro que los obligó a salir. Para no ser aplastados por las paredes y para no quedar en la calle construyeron un bohío en la parte posterior.
Dijeron que este lugar tampoco les ofrece seguridad, ya que todas las semanas tienen que rellenar el piso de las habitaciones, cocina y sala con tierra y arena varias veces, porque los hundimientos son constantes debajo de las camas, los muebles, la estufa y en las áreas comunes.
“Nosotros construimos nuestra casita con mucho esfuerzo para nada. Ahora tenemos que vivir aquí como Dios nos ayude, porque ya no tenemos recursos para hacer otra casa como la que teníamos”, dijo Ana Mercedes.
Informó que aún y cuando las viviendas de esta comunidad están en una zona alta, cuando llueve el agua brota a borbotones debajo de sus camas, gaveteros y otros espacios donde se han formado enormes grietas que intentan cubrir, pero parecen no tener fondo.
Sin embargo, la señora Margarita Martínez es persistente, pues le han puesto el piso de su casa en tres ocasiones y está tan agrietado como el de otros vecinos que han decidido no invertir dinero en sus viviendas.
“Ya yo no sé dónde voy a poner la cama de mis nietos, porque donde quiera que la muevo se hunde un pedazo. Esto me tiene desesperada y lo peor del caso es que esas zanjas que se forman en mi casa se convierten en refugio de alimañas”, agregó.
Informó que recientemente un ciempiés enorme se subió a su cama y la picó, por lo que fue preciso que el médico le extrajera el veneno que le inoculó en su muslo izquierdo.
Otros vecinos suyos denunciaron que han vivido la misma experiencia, pero con “arañas cacatas” que se les han subido encima, pues tienen sus moradas bajo sus pies, dentro de sus casas.
No obstante, María Miguel Malún se resignó a vivir en un piso de tierra, porque en su casa se hicieron tantas grietas filosas que estaban constantemente amenazados de sufrir una herida.
QuejasLos dirigentes comunitarios de la zona lamentan que se haya quedado en el limbo la promesa del presidente Leonel Fernández cuando visitó la zona hace dos años.
“Las viviendas están paralizadas hasta nuevo aviso, mientras las personas que viven en esos espacios afectados por los hundimientos y deslizamientos, están ahí a espera de que lleguen esas casas, porque no tienen otra alternativa”, agregó Eugenia Esteban.
Dijo que todos los habitantes de los barrios citados están en peligro y no se vislumbra que a corto plazo su problema sea resuelto.
“Hay zonas que nadie piensa que ahí vivieron familias, porque han sido borradas por completo.
De hecho, la calle que pasaba por el frente de mi casa perdió unos 500 metros y es tan evidente la situación que los cocos y laureles que teníamos en las orillas, se trasladaron a la orilla de la playa donde han seguido su desarrollo normal”, agregó. Informó que la situación de estos barrios es de alto peligro, específicamente en Altamira y Los Johnson, porque la tierra se hunde bajo los pies de las personas.
María Miguel Malún explicó que los hundimientos se dan de un momento a otro, pues se acuestan y todo está en orden, pero cuando se levantan encuentran que se ha hundido parte de la sala, la cocina, los aposentos y el patio.
Demandó del presidente Fernández tomar la situación que afecta este municipio en sus manos, ya que los funcionarios que designó no han cumplido a la comunidad.
La tierra prometidaLa vivienda de la señora Justina, de 101 años de edad, se le fue la mitad y sus hijos la sacaron del lugar, pero ella no quiere vivir en casa de nadie, sino en la suya.
“Yo quiero mi casita. A mi no me gusta vivir en casa de nadie, pero el derrumbe me quitó la casita que yo tenía. Yo no sé cuándo es que el Gobierno me va a poner en un lugar justo”, dijo.
El señor Joaquín Reynoso, quien vivía en el mismo barrio La Navaja, a su lado, tenía casa propia y un negocio con el que mantenía su familia, pero fruto del derrumbe lo perdió todo.
“Ahora estoy viviendo alquilado pagando RD$1,500 mensuales. Eso es mucho dinero para mí, pero ya tengo un año en esas condiciones, y así viven otros vecinos que les pasó lo mismo que a mí”, dijo.
Informó que las autoridades le derribaron las casas a algunos de sus vecinos con la promesa de que en unos meses serían reubicados en lugares seguros, pero debido al incumplimiento han tenido que buscar recursos para no arrimarse en la casa de un familiar.
“Nada más nos dicen que nos van a hacer la casa, que nos van a hacer la casa, pero la verdad es que las han dejado a medio talle”, agregó.
PELIGROLas autoridades iniciaron los trabajos de construcción de unos muros de gaviones en el barrio La Navaja, para evitar que sigan ocurriendo los deslizamientos en la zona, pero según informaron los lugareños, éstos los han hecho y desbaratado en dos ocasiones.
“Parece que los ingenieros no hicieron el trabajo que demandaba el problema y se han mantenido en un quita y pon”, dijo el señor Joaquín Reynoso, quien informó que tiene una hija geóloga y le comentó también que los terrenos donde se construyen las edificaciones, no son adecuados.
Explicó asimismo que unas seis familias que habitaban en los terrenos donde se construye el proyecto fueron desalojadas con la promesa de hacerles sus viviendas, pero les dieron la noticia de que tienen que asumir todos los costos de sus nuevas casas.
Agregó que a los afectados el Gobierno les pagaba hasta hace unos meses la mitad de los alquileres.

