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Cartagena, Colombia: desde el castillo San Felipe hasta el Fuerte “Pastelillo”

La isla de Manga, con residencias de alta gama, está unida a la ciudad de Cartagena por cuatro puentes.

Castillo San Felipe

Castillo San FelipeAlexis Ramos B

En lo alto del cerro San Lázaro, a 40 metros sobre el nivel del mar, domina desde la cima el castillo de San Felipe de Barajas, en Cartagena de Indias, Colombia. 

Para visitarlo hay que subir a pie por una empinada y fatigante loma. Yo me conformo con verlo desde el auto en el que voy de paseo con mi hijo Alexis y mi nieta Mariale, acompañados de un guía contratado y un chofer. 

A los pies del cerro “el barrio va creciendo más de lo esperado” dice el guía. Nos desmontamos del auto para admirar mejor la magnífica fortificación que, levantada por los españoles en el siglo XVI fue posteriormente ampliada, amén de que, con el tiempo, sufrió remodelaciones y restauraciones. 

De vuelta al vehículo, el chofer toma la ruta de forma que podamos ir viendo el castillo desde muy distintos ángulos. 

Empieza una ligerísima llovizna justo cuando llegamos ante un conjunto escultórico cuyo nombre provoca mi curiosidad: “Zapatos Viejos”. Y aquí viene la imaginación del pueblo: “Quien entra en la bota rebaja hasta cinco kilos”. La realidad, empero, es otra. 

Conjunto escultórico Botas Viejas

Conjunto escultórico Botas ViejasMariale Ramos B

Nace del cariño que el poeta Luis Carlos López manifiesta en un poema hacia su ciudad natal (Cartagena), como el cariño que le tiene a unos zapatos viejos. Desde aquí nos dirigimos hasta el local donde funciona el Museo del Chocolate. En él entramos. El olor a chocolate es intenso. “Es de un atomizador” descubre Mariale. 

Museo de Chocolate en Cartagena

Museo de Chocolate en CartagenaMariale Ramos B

Tan fuerte es el aroma que, a mí que me fascina el chocolate, en vez de apetecerme comprar siquiera una tableta o un bombón, prefiero salir con las manos vacías.

El recorrido nos lleva en descenso hasta la Bahía de Cartagena, donde abundan las lanchas, tanto deportivas como “las rojitas” destinadas a recorridos turísticos. Al frente vemos la muralla de Getsemaní, pero ahora vamos a entrar a la isla de Manga. “Antes había mangos”. (Es una de las varias versiones sobre el nombre).

 En este barrio de residencias de alta gama, en el cual “quedan casas republicanas” están los muelles “adonde llegan los cruceros”. Avanzamos junto a un hermoso paseo sembrado de césped y flores que se extiende paralelo al mar hasta ver la entrada al Club de Pesca y luego apearnos en el Fuerte Pastelillo de Manga. (“Pastelillo le dicen por su forma de pastel”).

Yates y lanchas en club privado en la isla de Manga

Yates y lanchas en club privado en la isla de MangaMariale Ramos B

 Servía como defensa de la ciudad. Varios cañones están dispuestos, como antaño, en los merlones atronerados. 

A las troneras aquí les dicen “barbilletes, porque en ellos cada barbilla se agachaba”. Ah… los lugareños que inventan … De la isla de Manga salimos por el Puente Román para entrar al barrio Getsemaní. Ese es un paseo para contar otro día.

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En privado

Para hacer el recorrido tradicional, pero a nuestro horario y con cualquier cambio de ruta que quisiéramos hacer en el camino, contratamos para varias horas, a través de Carlota López, de MCA Travel Cartagena, un guía con vehículo y conductor. El costo fue de $ 550,000 pesos colombianos que, a esa fecha (fines de septiembre 2025), serían unos US $ 140. Fue la mejor idea.

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Carmenchu Brusíloff