realidad y fantasía
Nostalgia en Navidad
Echa de menos, como lo hago yo, la empresa de armar el nacimiento, con todos participando y pretendiendo encaramrase para colocar el pesebre en el lugar más alto.
Maria Cristina de Carias
Emma se siente nostálgica en esta temporada. Al principio me sorprendí, pero luego reflexionando me di cuenta de que, para ella, la temporada navideña era el jolgorio de los nietos, sus juegos y travesuras, el ir y venir detrás de algún travieso pequeño decidido a llevar a cabo alguna arriesgada travesura.
Echa de menos, como lo hago yo, la empresa de armar el nacimiento con todos participando y pretendiendo encaramarse para colocar el pesebre en el lugar más alto.
Las peleas se suscitaban a cada dos por tres, había que imponer la paz y repartir tareas que, desde luego, no cumplían, prefiriendo hacer la asignada a otro, por considerarla más atractiva. Algunos manifestaban su temprana vocación por la ingeniería, elaborando los caminitos con arena.
Serpenteaban montaña arriba, hasta llegar a la cumbre. Otros preferían la arquitectura y se dedicaban a repartir las casitas parar formar caseríos. Unos cuantos preferían los animalitos, empezando por los camellos, con los reyes a cuestas. Tuvimos que darles una lección de historia sagrada, para convencerlos de que estos debían estar al comienzo del camino principal, pues solo llegarían el 6 de enero, donde el Niño Dios.
La colocación de la Virgen, el Niño Dos y san José se hacía mediante una rifa. El ganador procedía solemnemente a encaramarse. Sin estropear nada y colocar las figuras en su lugar. Luego, para finalizar, hacíamos otra rifa para colocar el ángel sobre el pesebre. Esta vez auxiliado el ganador por Emma, quien amarraba firmemente la figura alada con hilo plástico trasparente, evitando así una caída inesperada.
Luego nos dedicábamos a contemplar nuestra obra de arte, en lo que Emma servía un delicioso tente en pie, con pudin, ¡naturalmente!
Como no vamos a estar nostálgicas, fueron tiempos demasiado hermosos.

