¿Quién educa al pueblo?
“Estén siempre despiertos”
Mañana comienza un nuevo año litúrgico y es hora de reflexionar en lo que ha sido este año para mí, no solo en cuanto a mi fe, pero en cuanto a mi actitud ante la vida que me ha tocado vivir.
María Teresa R. Elmúdesi
Este fin de semana se termina el año litúrgico con las lecturas que nos llevan al final de los tiempos. En el Evangelio según San Lucas, el Señor nos pide que “estemos despiertos, pidiendo fuerzas para escapar de todo lo que está por venir y mantenernos en pie ante el Hijo del hombre”.
Pienso mucho en esto y verdaderamente le pido al Señor mantenerme siempre firme en la fe que he tenido desde mi primera comunión.
Mañana comienza un nuevo año litúrgico y es hora de reflexionar en lo que ha sido este año para mí, no solo en cuanto a mi fe, pero en cuanto a mi actitud ante la vida que me ha tocado vivir.
Hoy el Evangelio nos habla de dos actitudes que toda persona honrada, sincera y prudente deba tener en cuenta. Jesús nos dice hoy: “Estén despiertos, es decir, en vela”.
¿Qué significa estar en vela?
El velar cristiano es una espera confiada, una esperanza, no en nosotros, ni en nuestros méritos, ni en nuestras obras, sino en Dios. El velar del cristiano es distinto del velar del centinela, este vive en tensión para que nadie le engañe, pero aquel vive tranquilo, sabedor de que está en las mejores manos y de que Dios no le va a engañar nunca. Todo lo contrario. Cada uno de nosotros tiene una tarea propia, nuestra responsabilidad en cumplir con la Voluntad de Dios en nosotros.
Jesús insiste en el peligro de que nos quedemos dormidos. Por eso la vigilancia evangélica implica más que estar despiertos, es estar alertas, como a la espera. Vivir como “criados” en actitud de servicio, siempre a disposición del amo que puede regresar en cualquier momento.
Esta actitud implica esfuerzo, renuncia, carácter, voluntad, en algún caso hasta cierta “valentía”. O sea, trabajar y estar despiertos para que cuando venga El Señor nos encuentre velando y estar disponible a su mandato. (Tomado en parte de Rayo de Luz).Amén.

