Fábulas en alta voz
Sin mochila
En aquella ciudad fabulosa, cobra sentido la frase de José Martí: “A quien me dé una rosa, le regalo una rosa; a quien me dé una espina, le regalo una rosa”. No encuentra valor el refrán: “Ojo por ojo y diente por diente”.
Marta Quéliz, editora L2
Hace un tiempo, don Julio, un corrector que trabajó por muchos años en este medio y, que falleció hace varios años, me enseñó lo importante de ir soltando la carga y siempre estar listo para cuando el Señor nos llame. “Hay que estar sin mochila para irnos ligeros de carga”.
Se refería a abandonar rencores, envidia, vanidad..., todo lo que a Dios no le agrada. Desde entonces, he tratado de seguir esta ruta. Es difícil, lo sé, y más en estos tiempos en los que está a prueba la tolerancia por la pérdida de los valores y principios.
Previa preparación
En aquel entonces, cerré los ojos y me trasladé a una ciudad fabulosa donde en vida, a las personas se les prepara para viajar al otro mundo sin equipaje. Sí, sin ese peso que se lleva en la conciencia cuando aquí en la tierra no tenemos un gesto solidario para con quienes necesitan nuestra ayuda, cuando negamos la comida a los que tienen hambre, cuando engañamos a quienes nos rodean, cuando, en definitiva, dañamos al prójimo.
En la ciudad fabulosa adonde viajé, y donde, creo, don Julio aprendió a despojarse de ese equipaje, es un deber tener un buen comportamiento en todo el sentido de la palabra. Nadie se atreve a fallar en detrimento de los demás. Es una ley el que todos se traten como hermanos.
Nadie intenta siquiera jugar con los sentimientos del otro, mentir, traicionar, abusar, maltratar... a alguien. Por eso las buenas vibras habitan en el lugar, como también lo hacen la alegría, el agradecimiento, la recompensa, la entrega, la protección y todos los buenos sentimientos que surgen luego del buen trato recibido.
Se predica con buen ejemplo
En aquella ciudad fabulosa, cobra sentido la frase de José Martí: “A quien me dé una rosa, le regalo una rosa; a quien me dé una espina, le regalo una rosa”. No encuentra valor el refrán: “Ojo por ojo y diente por diente”. Todos tratan de estar listos, ligeros y sin mochilas para llegar a los brazos del Señor limpios, diáfanos y preparados para ser acogidos en el reino de los cielos como un ser bueno y humilde.
No quería regresar de allí
Ver cómo es que se vive en aquel lugar fabuloso, me cautivó, y por supuesto, no quería regresar, pero el insistente ruido del teléfono me devolvió a la realidad. Eso no me agradó, pues temía que detrás del auricular me hablara una de las tantas personas de mi amado país que tienen el equipaje repleto de vanidad, de frustraciones, de egoísmo, envidia... sin saber que, en cualquier momento, podemos irnos de este mundo sin tener tiempo para deshacernos del pesado equipaje.
Sé que don Julio desde que partió, está en un buen lugar, y de verdad, me encantaría que todos lo imitemos y tratemos de ir aligerando nuestra carga, pues lo más seguro que tenemos en la vida, es la muerte.

