¿Quién educa al pueblo?

En la solemnidad de la fiesta de Pentecostés

María Teresa R. Elmúdesi

María Teresa R. Elmúdesi

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María Teresa R.
Elmúdesi
Santo Domingo, RD

Estas fiestas se celebran 50 días después de la Pascua de la Resurrección de Jesús. San Lucas pone a la madre de Jesús presente también ese día solemne de Pentecostés. Y es que María siempre ha estado presente en todo el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo amado como una excelente Madre que siempre ha sido.

Pedro, también está presente en esta Fiesta. Él había tomado la iniciativa de lograr sustituir del traidor Judas, y elige a Matías.

Pentecostés es quizás una de las Fiestas auténticamente Marianas.

María nos conducta a Cristo Jesús. Ya en Cana, el Espíritu se había expresado por su boca cuando decía a los sirvientes: “Hagan lo que Él les dice. La fiesta de Pentecostés es una ocasión especial para descubrir el verdadero sentido del rezo del Santo Rosario. Con María aprendemos a conocer a Amar mejor, a seguir a su hijo. Incluso en la fiesta de la coronación de María, es Cristo, unido al Padre y al Espíritu Santo el primer actor: “El Señor ha hecho en mi, Maravillas”.

En el Evangelio del domingo es de San Juan y nos narra otro encuentro con Cristo resucitado cuando irrumpe en la casa donde están los discípulos ocultos por miedo a los judíos y los saluda enseñando sus manos y su costado con las huellas sangrientas de su pasión. Y les dice: “Como el Padre me ha enviado, así también les envío yo. Y dicho esto exhalo su aliento sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”.

El encuentro con el Resucitado nos abre dos puertas una en el corazón de los Once, y otra en el lugar donde se escondían.

Si el corazón no se abre primero, la Iglesia no puede hacerlo, ya que solo un corazón abierto puede reconocer y anunciar al Resucitado. Oh Señor, permite que mi corazón siempre esté abierto y dispuesto para recibirte ahora y siempre para anunciar tu Evangelio a todos los que el Señor desea que lo haga. Amén

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