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La Vida martes, 20 de septiembre de 2022

REALIDAD Y FANTASÍA

Diálogo con el espíritu

  • Diálogo con el espíritu
María Cristina de Carías
Santo Domingo, RD

Hacía días que no presenciaba una conversación de Emma con los espíritus. Aunque me causa un ataque de celos, es con Emma que se comunica el espíritu de mi esposo y no conmigo. La razón la ignoro, aunque sospecho que tienen que ser la disposición de mi inefable cocinera para comunicarse con el mas allá. Parece que yo no tengo la sensibilidad necesaria para tan particular comunicación.

Generalmente estos encuentros ocurren en la noche y en el patiecito al lado del cuarto de mi factótum. Este espacio de mi casa se ha convertido con el tiempo en un oasis. Construimos una jardinera y en ella sembró mi cocinera diversas hierbas aromáticas, amén de una enredadera que se ha extendido por la pared, cobijando con su frescura y belleza la extensión del patio. Allí tenemos unos mueblecitos de hierro que sirven para que Emma reciba sus visitas, además de sentarse a leer el periódico, lo que hace auxiliada de sus espejuelos, de los que el vulgo llama “apéame uno”. Mi querida cocinera entra en comunicación con los seres del mas allá, después de un rato de estar sentada a la luz de las estrellas, en silencio y profunda concentración.

Una noche, no hace mucho, busqué a Emma y la encontré en el patiecito; parecía ida a otros planos; con cautela me acerqué, no quería que se diera cuenta de mi presencia.

No bien me acerqué lo suficiente, empezó el diálogo con el espíritu. Yo, naturalmente, quería saber si se trataba del alma de mi esposo. Pronto me di cuenta de que la comunicación era con un ser espiritual que en vida ocupó un lugar preponderante en la vida nacional. Emma se dirigía a su invisible interlocutor con una cortesía y respeto desusados. “Usted hace mucha falta, doctor”, dijo mi factótum. “Este país está muy necesitado de sus consejos, sobre todo con el problema haitiano, cada vez se vuelve más enredada la situación en ese país y nos afecta mucho”. No me cupo la menor duda, el espíritu que visitaba a Emma era nada menos que el de su querido presidente Balaguer. Aquello no me extrañó, un hombre que gravitó durante tanto tiempo sobre el destino de nuestro país debía poseer un vínculo tan fuerte que le permitía comunicarse con las personas que, como Emma, tenían la predisposición y sensibilidad necesarias.

La conversación continúa en ese tenor, Emma se quejaba de la falta que hacía, del temor de la ciudadanía ante la que parece una invasión, dada la situación caótica en el vecino país. Emma pareció rogarle diciéndole que un mago como él, que todo lo arreglaba, tenía que venir en auxilio para remediar ese caos. Algo le contestó el espíritu de quien, en vida, fue tantas veces presidente y Emma rió de buena gana luego exclamó: “¿Usted piensa que debe haber una mano dura allá, para que ponga en cintura a todos, que esa gente solo se puede guiar a la fuerza, pero quién puede ser el indicado?”. La respuesta no la supe nunca, parece que a mi cocinera le satisfizo la respuesta, pues dio por terminada la conversación, despidiéndose de manera cordial. Reinó el silencio durante un rato y yo aproveché para escabullirme; no quería que Emma me pescara espiándola. En la soledad de mi cuarto reflexioné sobre lo que acababa de presenciar. Los caminos de Dios son misteriosos, además de torcidos, quién sabe si se valdrá del espíritu de Balaguer para remediar el caos en el vecindario y otorgar paz y respiro a esa martirizada nación y tranquilidad en nuestros predios…