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La Vida miércoles, 14 de septiembre de 2022

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Buena compañía

  • Buena compañía

    Marta Quéliz

Marta Quéliz
Santo Domingo

Sin lugar a exagerar, no había nadie en esta tierra que le tuviera más temor a los perros que esta servidora. Toda la vida me la pasé dejando de ir a casas donde hubiera este tipo de mascota, subiéndome en sillas, mesas, y cualquier sitio que me resguardara de sus ladridos. No es que no siga teniendo miedo, pero desde que en diciembre del año 2019 Coco llegó a la casa, se adueñó de un cariño especial que nunca imaginé podría dispensarle a un animal. Con decirles, que ya creo que somos ‘colegas’, pues cuando trabajo en la casa, ella no se despega, siempre está a mi lado haciéndome compañía y ‘aprendiendo’ a teclear.

Temor sí, maltrato no

Aunque es esta mascota de mi hija Dalia la que me ha enseñado a convivir con la especie, debo decir que, antes de ella no me le acercaba a ningún perro por pequeño que fuera, pero nunca lo maltraté ni le permito a nadie que lo haga ante mis ojos, y menos ahora que he aprendido tanto a lidiar con ella que, ya cuando llegó Mylo a la vida de mi hijo Manuel Enrique me le acercaba con normalidad al punto hasta de cargarlo. El caso es que, meditando sobre estos animales, me he dado cuenta que son la mejor compañía. Te hacen sentir como en una ciudad fabulosa donde no hay que dar nada a cambio para recibir ese cariño tierno y puro que saben dar los animales.

Fabulosamente complacida

Son muchas las veces en que es Coco mi compañera entrañable. La que me ha hecho entender que, ese temor infundado, que todavía tengo hacia otros a los que respeto por guapos, no es más que la falta de confianza y de compartir con el animal. Una vez nos adentramos al mundo de las mascotas y nos ganamos su afecto, nos sentimos como en ese lugar fabuloso donde el amor que te profesan es tan diáfano y seguro que no quieres imaginarte tu vida sin tu perrita, tu gato o cualquier otro animalito que forme parte de tu vida. Es más, a veces sientes que te entienden mejor que cualquier persona, guardando la distancia. Se dan cuenta si estás feliz, si estás triste, si estás de buen o mal humor… En fin, te transporta a un mundo del que no quieres salir jamás.

Coco y Mylo

Después de que ambos están en nuestra vida, al menos yo, he aprendido a conocer un amor distinto, a vivir aventuras fabulosas, a reír hasta cuando he querido llorar, y hasta a gastar un buen dinero con tal de que siempre estén bien alimentados, limpios, desparasitados, pero sobre todo, bien saludables para seguir disfrutando de su amena compañía.