FÁBULAS EN ALTA VOZ

¡Se graduó contra viento y marea!

  • Marta Quéliz

Marta Quéliz
Santo Domingo, RD

Hay situaciones en la vida que amenazan con arrebatarles los sueños a algunas personas. En ocasiones, la adversidad llega disfrazada de enfermedad, de duelo, y de muchas tantas formas que nos disminuyen las fuerzas para seguir. Aunque hay quienes toman esto a la ligera y le entregan sus planes en “bandeja de plata”, no faltan los que no se dejan vencer, no importa los truenos y relámpagos que acompañen la “producción” de ese disfraz. Dalia está dentro de este último grupo. Nadie se imagina por lo que ha pasado y ha vencido hasta convertirse en una profesional summa cum laude.

Entrega y dedicación

Muchas páginas para la izquierda, noches sin dormir y sacrificios de toda índole le han dado la victoria a una joven que con pasión ha vencido toda dificultad, sin importar el disfraz que esta traiga puesto. Ella, por su propia cuenta, decidió vivir como en una ciudad fabulosa donde la ficción permite que por grande que sea un problema de salud, en corto tiempo ya este no exista. Como el ave Fénix se levanta y prosigue sin que le duela la caída, no importa lo alto desde donde haya descendido. En este lugar fabuloso, que ella misma ha creado, solo abundan la valentía, el tesón, la gallardía y esas ganas por ganarle la batalla a los obstáculos que han puesto a prueba su entereza. ¡Y se graduó contra viento y marea!

Sin importar su juventud

Su corta edad tampoco le ha impedido adquirir conocimientos y vivencias que, erróneamente, pensamos que solo una persona bien adulta puede tener. Aunque su físico habla de juventud, su discurso abundante y coherente deja claro que sus lauros no los consiguió solo por sus altas calificaciones, sino también por su desenvolvimiento, empatía, y su disposición para continuar aprendiendo y enseñando lo que sabe, a veces hasta haciendo las paces con el dolor que pueda ocasionarle una de esas jugarretas que la vida le ha puesto en el camino, con o sin disfraz.

Toda una profesional

Antes de graduarse, ya daba muestra de sus capacidades, pues no es el título el que hace al profesional y, en la ciudad fabulosa donde ella decidió alojarse para lograr sus sueños sin que la adversidad debilitara sus fortalezas, también encontró ‘añejos motivos’ para dedicarse a la labor más linda que una joven valiente como ella puede prestar atención: a gente en la edad dorada a la que sin disfraz ni pose le brinda sus más cálidas atenciones psicológicas, y esa hermosa sonrisa con la que es capaz de “alegrar” hasta la memoria más ausente. ¡Felicidades, mi amada psicóloga!