REALIDAD Y FANTAS√ćA

Termitas

María Cristina de Carías
Santo Domingo, RD

No me había tomado el café, apenas estaba saliendo de la ducha, cuando tuve que salir al pasillo envuelta en una toalla. Emma estaba gritando a más y mejor. Hay comején por todos lados, musitaba entre hipidos. Envuelta en la toalla tuve que ponerme a examinar la casa entera. Efectivamente, el solapado bicho había tomado posesión de mi hogar. Esta invasión tuvo lugar rápidamente, sin que nos hubiéramos dado cuenta, al estilo del caballo que acabó con los troyanos.

En cuanto me vestí, procedí a llamar a la compañía exterminadora para que acudieran rápidamente a dar cuenta del bicho invasor.

El técnico acudió a casa, lo examinó todo y me manifestó que me enviaría el presupuesto, también me advirtió, además de darme una catédra sobre las termitas y sus costumbres, que practicarían hoyos en el piso para que el veneno llegara hasta sus madrigueras subterráneas. Al día siguiente me envió el dichoso presupuesto. La cifra era astronómica, nunca imaginé que erradicar los dichosos bichos fuera tan costoso. Después de consultar y hacer cálculos, llamé para comunicarle a la exterminadora mi aprobación y hacer una cita para proceder. Me advirtieron que debía retirar los muebles de las paredes. Tuvimos que pedir ayuda para mover los libreros y apear libros y adornos. La casa estaba patas arriba y además invadida por esos diminutos destructores. En fin, que se hizo el trabajo, bajo la atenta mirada de Emma, la que no les perdía ni pie ni pisada, asegurándose que hicieran un trabajo concienzudo.

Volvimos a colocar todo en su lugar y acabamos molidas pero satisfechas. Habíamos librado una batalla y ¡salimos triunfadoras!