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La Vida viernes, 06 de mayo de 2022

COSAS DE DIOS

Las compañeras de al lado

  • Las compañeras de al lado
Alicia Estévez
Santo Domingo, RD

Las conozco desde hace más de dos décadas o casi por dos décadas, depende. Pese a ello, de vez en cuando, me siento con alguna y descubro sus historias de lucha titánica por estudiar, criar a los hijos, crecer profesionalmente, en fin, mantenerse a flote,  en medio de tormentas, y no sucumbir ni cuando la marea tiembla.

La niña que alzó la mano
Adriana Peguero, por ejemplo, caminaba ocho kilómetros para asistir a la escuela. ¡No con zapatos cómodos! qué va!, descalza porque el camino era abrupto con ríos de por medio. Una muchachita que a los doce años levantó la mano cuando su mamá preguntó quién estaba dispuesta a dejar a su familia e irse a vivir a la capital para cuidar de los hijos de su tía y, también, estudiar. Esto último era el sueño de Adriana que todavía llora cuando recuerda que perdió un año escolar porque, en el campo donde nació, no había dónde cursar el grado que le correspondía. Así, ayudando en casa de su pariente, se ganó el derecho a estudiar y, mientras muchas amiguitas no lo lograron, ella se graduó de la universidad.

De la cama al avión
Cándida Acosta ha destacado en un área del periodismo que, en muchos países, incluido el nuestro, predominan los hombres, al menos al frente de las secciones, es Economía. Cándida domina temas complejos, memoriza cifras, desentraña las raíces de conflictos y resume en que quedó una historia económica en evolución, con una facilidad que admiro. Su fortaleza le ha servido de mucho, pienso yo, en los retos de salud que ha enfrentado en los últimos años, de los cuales sale rumbo al aeropuerto, a cubrir otro evento internacional, como si la que estuvo en cama fuera otra.

No se equivoca
En Deyanira Polanco, que me traje al Listín Diario desde el Ministerio de la Mujer, donde la conocí cuando ambas trabajábamos con la inolvidable Gladys Gutiérrez viuda Segarra, he valorado tres cualidades admirables. Es la madre, esposa, hija y, ahora, feliz abuela, más dedicada que pueda imaginar. Sus hijos dan prueba de ello. Por demás, esta compañera es la periodista más enamorada de su profesión, capaz de aprender, de enfrentar retos, de entregarse a los proyectos dando lo mejor de sí, y la colega más alegre y ocurrente para llevar relajación a la jornada de trabajo más difícil. Sobre Deyanira tengo una anécdota personal. En un momento, fui su jefa y había entre ambas una relación algo tensa. Estaba orando, pidiendo a Dios discernimiento, Él puso una gran paz en mi corazón, me mostró  que estaba ante una persona buena, y entonces, me dije, Dios no se equivoca. El tiempo, como no podía ser de otra manera, le ha dado la razón a Él.

¿Por qué?
¿Por qué hablo de Adriana, Candida y Deyanira?, porque, semanas atrás, celebramos los días de la mujer y los periodistas y, en poco tiempo será el de las madres, y, a propósito de esas fechas, quise honrar a algunas de las compañeras que Dios me ha regalado durante estos más de 25 años en el Listín Diario. Que Él las bendiga siempre.