REALIDAD Y FANTASÍA
Una Semana Santa ideal
La Semana Santa trascurrió rauda. Emma se marchó para su casita de Nigua. Tiene un compromiso con el cura de la iglesita de San Gregorio, donde todos los años prepara el Monumento del Jueves Santo.
Yo me alejé de casa con una de mis hijas, rumbo a su casa de playa. Entre baños de mar y chapuzones en la piscina, los días trascurrieron veloces.
Afortunadamente, no se presentó ningún problema y todo trascurrió como sobre ruedas.
Los días se presentaron soleados, no hizo un calor excesivo, así que fueron días ideales.
No sé por qué en vacaciones el apetito se acrecienta y comemos con gran apetito. Mi hija hizo gala de sus dotes culinarias y las comidas se convirtieron en banquetes.
Fueron días de largas caminatas y visitas de los vecinos, momentos ideales para compartir, sobre todo después de atravesar una pandemia que nos aisló de nuestros semejantes.
Rezar y meditar ocupó gran parte del tiempo. Son días santos que inspiran recogimiento para luego celebrar con alegría la resurrección del Salvador.
En fin, que regresé a casa descansada y llena de optimismo, lista para enfrentar cualquier eventualidad que seguramente se presentará.

