REALIDAD Y FANTASÍA
Regando el jardín
Emma goza un mundo regando el jardín. este es, definitivamente, el oficio que más le agrada.
Le compré una manguera novedosa que no pesa nada y es pequeñita, pero en cuanto se llena de agua se expande y abarca cien pies. Naturalmente que, además de echarle agua a las plantas, se moja de arriba abajo; esto hace parte de la diversión.
Mientras riega, mi morena cocinera les habla a sus amadas maticas. A unas las regaña por perezosas, a otras las alaba por sus verdes hojas, todas reciben algunas frases y esto, según las cábalas, ayuda a las plantas a crecer bellas y fragantes.
El ritual sucede un día de por medio, aunque cuando llueve se conforma con la regadera, para mojar las maticas que cuelgan de las paredes, a las cuales la lluvia no empapa.
No permite que nadie interfiera con su sagrado regadío, este ritual es intocable e intransferible, prefiere no cocinar a dejar de mojar sus maticas. Después se aleja, muy satisfecha, rumbo al baño para darse un duchazo.

