FOLCLOREANDO

El aposento en el campo

  • Xiomarita Pérez

Xiomarita Pérez
Santo Domingo

Es un lugar sagrado. Si los demás espacios están limpios, este mucho más. Normalmente no hay puerta en la sala que da a la habitación sino una cortina entera o partida por la mitad y se colocan recogidas en ambos lados a un clavo con una cinta finita de regalos.

La cama de los esposos es de caoba. Desde que se levantan le colocan un cobertor que le mandó su hija de fuera o con las colchas que jugó en un “san”. Esta última no es de buena calidad, pero los colores son vivos y la tela brillante con fundas de almohadas y cojines en forma de corazón. Si no tienen muchos recursos la tienden con una sábana a cuadros con dibujos de pajuil, que también la usan para arroparse por lo suave y calientita que son.

El mosquitero también se jugó en un “san”. Son de los que cuelgan del techo. La bacinilla debajo de la cama es imprescindible porque el inodoro o la letrina están en el patio. La alfombra de retacitos multicolores o pelliza está frente a la cama para protegerse del piso cuando se levanten a orinar, porque se “pasman”.

El gavetero en su interior está lleno de toallas, manteles, pijamas nuevos y de otros enseres que solo se usan cuando llega visita o cuando se enferma alguien de la familia.No faltará la sábana blanca que servirá de mortaja o para la preparación del altar.

Si no tiene gavetero poseen una peinadora o coqueta y debajo de la misma una zapatera que cubren con un lienzo desde arriba. En una de esas gavetas o debajo del colchón están los documentos de la familia y algún dinerito “para la causa”.

Arriba del gavetero hay perfumes, que más que usarse adornan. La marca Avon en forma de carro antiguo u otra figura, el Topacio con una piedra amarilla arriba, un alcoholado y si tienen un familiar fuera le regala una bandeja con espejo para colocar los perfumes y las muestrecitas de los mismos. La dueña de la casa nunca los usa porque le dan dolores de cabeza, pero tampoco los regala.

Tienen siempre un armario improvisado cuya puerta es una cortina hecha de un pedazo de tela estampada colocada en un palo. En las paredes nunca falta el santo al que son devotos.