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La Vida miércoles, 10 de noviembre de 2021

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Altagracita y la pelota

  • Altagracita y la pelota
Marta Quéliz
Santo Domingo, RD

“Yo le ofrecí una misa a la Virgen de la Altagracia para que ganen las Águilas”. Este comentario es de Altagracita, una fanática empedernida del equipo amarillo. Yo a veces creía que nadie podía ser más seguidora que yo de este conjunto deportivo, pero definitivamente, ella me ganó. Escuchar sus notas de voz, ya sea cuando está perdiendo como cuando está ganando, es una cura. Su fanatismo es sano, pero hasta peligroso. A veces deja saber en sus mensajes cuán agitada está por la amenaza de otro equipo al éxito del suyo, o por la alegría de que las cuyayas se impongan a su contrincante, sobre todo, a su más grande rival, el Licey.

Peligra su salud

Su fanatismo podría decirse que es sano, porque no discute con nadie sobre pelota. Solo la vive, a veces casi muriendo de la emoción, pero la disfruta y, a través de la tecnología comparte con sus hijos sus miedos y alegrías cuando está viendo el juego. Todos son aguiluchos, de Constanza, sí, del Cibao. Pero hay un detalle, esas emociones podrían afectar su salud, de hecho, lo dice: “Ay, Anthony, tengo taquicardia, a ese 'jodío' pitcher hay que sacarlo, eso no sirve pa’na’…”. Gusto da escucharla decirlo, pero al mismo tiempo, preocupa porque esas sensaciones pueden ser traicioneras.

Paseo fabuloso

En situaciones así es que me encantaría vivir en una ciudad fabulosa, donde a gente como Altagracita se le pueda llevar al play a disfrutar en vivo de un buen partido de pelota, entre Águilas y Licey y que ella lo disfrute a plenitud sin la necesidad de decir: “Anthony, ya yo voy a tener que dejar de ver estos juegos, eso me está matando a mí. Yahaira no quiere que yo los vea, eso es peligroso”. Qué bonito sería ir con ella al estadio y verla gozar, reírse si gana o si pierde, que nada atente contra su salud para que no se cohíba de deleitarse con algo que tanto le gusta.

Disfrutar de la victoria

En esa ciudad fabulosa, de seguro que Altagracita se sentiría siempre feliz como cuando dice riendo a carcajada: “Viste Anthony, que pela les estamos dando. ¡Que no lo cambien el pitcher, no!, ¡que no lo cambien!”, o “Ay mamá, yo sabía que íbamos a ganar, algo me lo decía…”. Sería maravilloso porque de verdad, cuando alguien es tan fanático, una victoria como una derrota pueden afectar seriamente nuestra salud. Ver esos juegos con ese nivel de competición entre dos equipos aguerridos, no es para todo el mundo. Por eso, es que insisto en cuánto me gustaría que nuestra protagonista viviera en una ciudad fabulosa donde no tenga que abstenerse de disfrutar lo que es su debilidad, solo porque las emociones podrían traicionarla. Este año, esperamos que la misa que ofreciste te ayude a celebrar la victoria 23 de Las Águilas, Altagracita, y que Dios te ayude a seguir disfrutando de tu pelota.