FÁBULAS EN ALTA VOZ

Podrás falsificar la tarjeta, pero no la vida

  • Marta Quéliz

Marta Quéliz
Santo Domingo

Me indigna saber que ciertamente, hay quienes están falsificando la tarjeta de la vacunación. Craso el error. Como a muchos, me llena de impotencia esta actitud irresponsable de quienes, escudados, sabrá Dios en qué teoría, incurren en esta barbaridad para “engañar” a quienes requieren este documento para el acceso al trabajo, viaje u otras actividades.

Culpable los dos

Tanto quien la solicita como quien la facilita están incurriendo en un atentado a la vida. Es una burla al sistema, a los esfuerzos que está haciendo el gobierno para garantizar que todos los dominicanos y, hasta los que no lo son, pero que residen aquí, estén protegidos contra el Covid-19. Son miles de millones que se han invertido en la búsqueda de inmunidad, y son muchas las personas que han muerto por no quererse vacunar.

Comportamiento irracional

Respeto la decisión de cada quién. No hay que obligar a nadie a vacunarse, pero sí hay que tener al menos el decoro de aceptar las consecuencias que acarrea el no hacerlo. Si no lo hizo, defienda su convicción con valentía, no con engaño. Así como piensa que la vacuna atenta contra su salud y su vida, de esa misma manera actúa usted cuando con una tarjeta falsa pone en peligro a quienes sí creemos en la ciencia y en la medicina.

Curar la ignorancia

“Tengo miedo a la bestia”, “me van a instalar un chip”, “esa vacuna crea enfermedades”… estos y una serie de comentarios más son la excusa perfecta para que un grupo de personas se abstenga de ir a vacunarse sin detenerse a observar que, con la falsificación de una tarjeta solo encuentran la “cura” al mal más grande que puede tener una sociedad: la ignorancia. Muchos pretextos para inmunizarse, y tan ligeritos que se exponen al peligro del desafío y el irrespeto que son los riesgos más grandes para contagiarse, no solo del Covid, sino de cualquier otra enfermedad, incidentes o accidentes.

Un viaje a la conciencia

Para evitar que esta conducta irracional me siga afectando, decidí transportarme a una ciudad fabulosa donde la toma de consciencia traspasa todo prejuicio.
El egoísmo no existe, y mucho menos cuando de por medio está la vida nuestra y la de los demás. En estos momentos de pandemia la gente de este lugar ha entendido que unidos todos pueden hacerle frente a la “peste”, que no hay que temer a la solución que han dado quienes, iluminados por el Señor, han creado una dosis de prevención para contener la furia de este virus. Ojalá que, en la realidad, los dominicanos podamos entender que, por más tarjetas que falsifiquemos, nunca podremos sacarle copia a la vida.