ANÉCDOTA

Las tres cosas a las que Trujillo les tenía pánico

Roberto Valenzuela
Santo Domingo, RD

Don Salomón Sanz fue un integrante del círculo íntimo de la familia del dictador Rafael Leonidas Trujillo. Él cuenta una de las cosas más curiosas de su rara personalidad, cuando el periodista investigador de temas históricos, escritor y diplomático Víctor Grimaldi, le preguntó de repente, en una entrevista televisiva:

-¿A qué le tenía miedo Trujillo? Ante esa sorpresiva pregunta, el doctor Sanz sonrió de buena manera y le respondió a su entrevistador, sin vacilar, mostrando tener vastos conocimientos en detalle de las costumbres del generalísimo que azotó a los dominicanos por treinta años. Su respuesta fue sin vacilar:

-Trujillo sentía temor por los perros, los rayos y los aviones.

Agregó el entrevistado que una de sus costumbres era minar de pararrayos donde quiera que tenía una residencia, un establo o un sitio que frecuentara con regularidad.

Su pánico era tal que no ponía uno, sino tres y cuatro pararrayos en los lugares donde su presencia era habitual, como el Palco Presidencial del Hipódromo Perla Antillana.

En otra parte de su intervención, Sanz reveló que en el año de 1929 el dictador tuvo un accidente de aviación que le produjeron contuciones y golpes en la nuca que le duraron unos días. Por esa causa, nunca más quiso viajar en avión, sino en barcos.

En cuanto a los caninos, narró que en cierta ocasión, un perro de raza Collie (llamado «Chivirico») tepropiedad de su hijo Radhamés, atacó a Trujillo a su paso por la estancia, por lo que pidió al entrevistado que convenciera a Radhamés para que sacara el cachorro de la residencia familiar y lo regresaran a la Hacienda María para no tener contacto con él nunca más.

Sanz reveló que las relaciones entre Trujillo y su hijo mayor se descompusieron en 1960 porque Ramfis le pidió que negociara su salida del poder para evitar represalias y consecuencias funestas de parte de sus enemigos, como lo fue, un año más tarde, su asesinato y posterior persecución de toda su familia.

Su esposa, María Martínez, apoyó la idea de Ramfis para que el Jefe abandonará el país: “En agosto de 1960 se agriaron mucho las relaciones entre Ramfis y Trujillo: Ramfis le decía que entregara el poder y Trujillo decía que no; doña María estaba de acuerdo con Ramfis”, añadió.

En aquel entonces, y contrario a su padre, Radhamés de 18 años, no quería abandonar el país, ni aún después del tiranicidio. Don Salomón Sanz fue de las personas que lo convenció de que abandonara la República Dominicana con los demás integrantes de la familia.

A la muerte del tirano y sobre la fortuna de los Trujillo, Salomón explicó que los familiares de Trujillo sacaron del país 200 millones de pesos y no más de mil millones, como se especulaba por aquel entonces por diversas fuentes.