FÁBULAS EN ALTA VOZ

Contra los derechos de los menores de edad

Marta Quéliz
Santo Domingo, RD

Con mucha impotencia he venido observando el poco cuidado que algunos padres prestan a los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes. En el pasado asueto por Semana Santa, mi corazón sufrió al ver el desfile de fotografías de menores de edad en traje de baño y en ropa interior sin el menor reparo. No resulta gracioso publicar en las redes sociales, imágenes que dejen al descubierto la inocencia de la infancia, sobre todo, en un mundo donde el morbo parece estar en su máxima expresión. Sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo, pero no estoy buscando consenso, estoy expresando mi parecer, que es invariable respecto a este tema.

Son sus padres, no sus dueños

A regañadientes, podrán decir que sus hijos son suyos. Y es cierto. Pero que sean nuestros hijos, no nos da derecho a exponerlos ante los demás en condiciones que ponen en peligro su integridad física y hasta emocional. Con esta preocupación me fui a una ciudad fabulosa en búsqueda de una respuesta que me ayude a entender esta situación nada favorable para nuestras niñas, nuestros niños y adolescentes. Alegre me puso conocer que allí, sus derechos no son vulnerables. Sus progenitores los cuidan, y deben responder por la preservación de los derechos que le asiste a todo menor de edad.

Se paga caro

En aquella ciudad fabulosa no se relaja con la integridad de los menores de edad. Cualquier imagen no apta, publicada en Instagram, Facebook, WhatsApp o cualquier otra plataforma supone una amonestación por parte de las autoridades que trabajar para salvaguardar el derecho que les asiste. Allí la pornografía infantil no es solo exponer a la vista de otros a niños y niñas en actos sensuales. También divulgar su figura en posiciones y con ropa inapropiada lo es. Para poner un ejemplo, en esa comunidad es penado un padre, una madre, un tutor o cualquier adulto que publique a una niña con un traje de baño revelador, o a un niño sin su camisa. Esto atenta contra su privacidad y los pone en peligro por el morbo desmedido de personas que no se detienen a ver que se trata de una persona menos de edad. Se paga con cárcel y hasta con quitarle su patria potestad.

Ellos no piden que los publiquen

Nadie más que los adultos para cargar con la culpa del desfile de niños, niñas y adolescentes que a diario vemos en todos lados, a veces no solo con poca ropa, sino hasta con bailes inapropiados, con expresiones que no hacen justicia a su inocencia, y en fin, tratados como si fueran objetos. ¿Es así que estanos cuidando a nuestros niños y a nuestras niñas? ¿Es esa la forma de preservarles sus derechos? No sé cuál es su respuesta, pero la mía es que definitivamente, los estamos lanzando al peligro.